RESTRICCIÓN CALÓRICA Y
ENVEJECIMIENTO
5 DE MARZO DE 2020
Desde mediados del pasado siglo se sabe
que cuando los animales de experimentación, concretamente ratas y ratones, son
sometidos a un proceso de ayuno controlado o restricción calórica (RC) se
incrementa su longevidad comparada con otros compañeros a los cuales se les
permite alimentarse ad libitum, es decir
que pueden comer cuanto quieran. Estos primeros resultados abrieron un enorme
campo de investigación enfocado, en un principio, a incrementar la longevidad
de las especies analizadas con el objetivo de trasladar los resultados a
humanos.
Así, además de constatar un incremento
significativo de la longevidad de los múridos sometidos a RC, se ha observado,
en estudios más recientes, que los niveles de algunas hormonas (insulina) y
metabolitos son más fisiológicos, es decir se encuentran en valores
homeostáticos aceptables en el grupo sometido a RC frente al grupo control. En
lo que respecta a la actividad física y respuestas a estímulos concretos
también se ha demostrado que los animales sometidos a RC son más activos y
resuelven las pruebas conductuales a las que se les somete de forma más rápida
y eficaz que los animales no sometidos a RC. Debemos puntualizar el hecho de
que las condiciones de un laboratorio donde se albergan los animales de
experimentación están muy controladas y sabemos que solo una variable, ceteris parivus, actúa, sobre ellos, en este caso la
cantidad y frecuencia con la cual son alimentados e hidratados, siendo el resto
de condiciones iguales para el grupo control y el experimental.
La RC consiste en la reducción del
aporte calórico sin causar malnutrición. Es decir, conlleva una ingesta
adecuada y equilibrada de nutrientes y una hidratación acorde a las necesidades
básicas para el mantenimiento de las actividades bioquímicas de nuestro
organismo. Su traslación a humanos representa, por término medio, la reducción
del aporte calórico entre un 15-25% de las calorías diarias totales que
ingerimos. Esta RC se puede lograr por dos vías fundamentales; la reducción de
la ingesta diaria o la realización de periodos de ayuno intermitente.
Lo primero que se observa en el caso de
humanos sometidos a RC, es que, tras un periodo de 12 meses, se produce una
reducción, mantenida, del peso corporal de un 10-15% del peso al inicio del
proceso. Pero lo más importante y característico es el análisis de los valores
séricos de diversos marcadores de envejeciendo y/o posible patología que se
obtienen tras la RC en comparación con los grupos control. Así, se han
observado unos niveles más homeostáticos de insulina, hormonas tiroideas,
temperatura corporal, gasto energético basal (metabolismo basal), y en lo que
se refiere a marcados de patologías se produce una marcada reducción de los
niveles de triglicéridos, colesterol y presión sanguínea (marcadores de
patología cardio-circulatoria) y del marcador tumoral alfa en el suero de las
personas sometidas a RC, como marcador de neoplasias. Estos efectos
beneficiosos para el estado de salud y la longevidad se han mostrado más
efectivos en personas que al iniciar la RC estaban en el grupo de “sobrepeso”
de acuerdo con los valores obtenidos al evaluar el índice de masa corporal
(IMC). Por el contrario, en las personas con normopeso o con valores inferiores
los resultados no han sido tan significativos.
Dos efectos muy importantes de la RC
sobre nuestros organismos, son la mejora de la actividad inmune, reduciendo los
niveles de inflamación celular y la reducción de la producción de radicales
libres de oxígeno consecuencia de la actividad catabólica de las mitocondrias
celulares, con el resultado de una mejora en la actividad metabólica celular.
Ambos procesos están afectados en el envejecimiento, de tal manera, que la CR
pudiera inducir a nuestras células a iniciar un proceso de reprogramación
“saludable” que determinaría, como consecuencia de sus efectos beneficiosos
para la salud, un incremento en la longevidad.
Sabemos que la RC no es fácil de implantar
y mantener en las personas y que los hábitos, en lo que se refiere a la ingesta
calórica, están muy arraigados en cada uno de nosotros. Con el objetivo de
ayudarnos a reducir los niveles calóricos de nuestra ingesta, se han analizado
diversas moléculas que pudieran ayudarnos a reducir dicho aporte bloqueando
determinadas rutas metabólicas que son activadas por el aporte calórico
excesivo y que determinan la aparición de patologías y reducen la longevidad.
En este sentido, se están estudiando los efectos que diversas moléculas
exógenas ejercen en determinadas vías metabólicas celulares, que de forma más o
menos directa ralentizan el proceso de envejecimiento, actuando en puntos
concretos de dichos procesos metabólicos. Hemos comentado que la inflamación es
un proceso que acelera el envejecimiento celular y es causante de múltiples
patologías entre ellas alteraciones en el tejido nervioso (neuroinflamación)
con el consiguiente daño neuronal asociado al mismo. En este sentido los
salicilatos son moléculas que se han mostrado eficaces en la reducción de los
marcadores de inflamación celular. Algunas moléculas como el resveratrol actúan
de forma directa sobre las histonas que compactan en ADN (deacetilación) y de
esta forma permiten la expresión de moléculas beneficiosas para la actividad
celular (sirtuinas). La rapamicina actúa sobre la vía del cinasa mTOR que
regula la supervivencia celular. La metformina que se utiliza como
hipoglucemiante para reducir los niveles de glucosa en sangre también ha demostrado
que produce un incremento en la longevidad al reducir los niveles de glucemia a
valores homeostáticos.
Si comprobamos el mapa mundial de las
zonas en las cuales la longevidad de las personas alcanza los valores más
elevados, entre ellos España, veremos que en todas ellas las personas longevas
han realizado una RC mantenida (han comido poco y de forma equilibrada en el
aporte de nutrientes) y han realizado ejercicio físico (han trabajado de forma
manual). Estos dos factores sabemos, en la actualidad, que son dos
determinantes fundamentales, como hemos visto en apartados anteriores, para
incrementar la longevidad y reducir los efectos negativos que el envejecimiento
pudiera ejercer sobre nuestras células. Acabo con las palabras que una
centenaria dijo: “comer poco y trabajar mucho ha sido mi secreto para cumplir
cien años”. Hoy la biogerontología está aportando las bases biomédicas a este
sabio consejo.
Dámaso Crespo
Vocal del Área Biológica de la SEGG ( Sociedad Española de Geriatría y Gerontología )



