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martes, 15 de septiembre de 2020

RESTRICCIÓN CALÓRICA Y ENVEJECIMIENTO

 

RESTRICCIÓN CALÓRICA Y ENVEJECIMIENTO

5 DE MARZO DE 2020

Desde mediados del pasado siglo se sabe que cuando los animales de experimentación, concretamente ratas y ratones, son sometidos a un proceso de ayuno controlado o restricción calórica (RC) se incrementa su longevidad comparada con otros compañeros a los cuales se les permite alimentarse ad libitum, es decir que pueden comer cuanto quieran. Estos primeros resultados abrieron un enorme campo de investigación enfocado, en un principio, a incrementar la longevidad de las especies analizadas con el objetivo de trasladar los resultados a humanos.

Así, además de constatar un incremento significativo de la longevidad de los múridos sometidos a RC, se ha observado, en estudios más recientes, que los niveles de algunas hormonas (insulina) y metabolitos son más fisiológicos, es decir se encuentran en valores homeostáticos aceptables en el grupo sometido a RC frente al grupo control. En lo que respecta a la actividad física y respuestas a estímulos concretos también se ha demostrado que los animales sometidos a RC son más activos y resuelven las pruebas conductuales a las que se les somete de forma más rápida y eficaz que los animales no sometidos a RC. Debemos puntualizar el hecho de que las condiciones de un laboratorio donde se albergan los animales de experimentación están muy controladas y sabemos que solo una variable, ceteris parivus, actúa, sobre ellos, en este caso la cantidad y frecuencia con la cual son alimentados e hidratados, siendo el resto de condiciones iguales para el grupo control y el experimental.

La RC consiste en la reducción del aporte calórico sin causar malnutrición. Es decir, conlleva una ingesta adecuada y equilibrada de nutrientes y una hidratación acorde a las necesidades básicas para el mantenimiento de las actividades bioquímicas de nuestro organismo. Su traslación a humanos representa, por término medio, la reducción del aporte calórico entre un 15-25% de las calorías diarias totales que ingerimos. Esta RC se puede lograr por dos vías fundamentales; la reducción de la ingesta diaria o la realización de periodos de ayuno intermitente.

Lo primero que se observa en el caso de humanos sometidos a RC, es que, tras un periodo de 12 meses, se produce una reducción, mantenida, del peso corporal de un 10-15% del peso al inicio del proceso. Pero lo más importante y característico es el análisis de los valores séricos de diversos marcadores de envejeciendo y/o posible patología que se obtienen tras la RC en comparación con los grupos control. Así, se han observado unos niveles más homeostáticos de insulina, hormonas tiroideas, temperatura corporal, gasto energético basal (metabolismo basal), y en lo que se refiere a marcados de patologías se produce una marcada reducción de los niveles de triglicéridos, colesterol y presión sanguínea (marcadores de patología cardio-circulatoria) y del marcador tumoral alfa en el suero de las personas sometidas a RC, como marcador de neoplasias. Estos efectos beneficiosos para el estado de salud y la longevidad se han mostrado más efectivos en personas que al iniciar la RC estaban en el grupo de “sobrepeso” de acuerdo con los valores obtenidos al evaluar el índice de masa corporal (IMC). Por el contrario, en las personas con normopeso o con valores inferiores los resultados no han sido tan significativos.

Dos efectos muy importantes de la RC sobre nuestros organismos, son la mejora de la actividad inmune, reduciendo los niveles de inflamación celular y la reducción de la producción de radicales libres de oxígeno consecuencia de la actividad catabólica de las mitocondrias celulares, con el resultado de una mejora en la actividad metabólica celular. Ambos procesos están afectados en el envejecimiento, de tal manera, que la CR pudiera inducir a nuestras células a iniciar un proceso de reprogramación “saludable” que determinaría, como consecuencia de sus efectos beneficiosos para la salud, un incremento en la longevidad.

Sabemos que la RC no es fácil de implantar y mantener en las personas y que los hábitos, en lo que se refiere a la ingesta calórica, están muy arraigados en cada uno de nosotros. Con el objetivo de ayudarnos a reducir los niveles calóricos de nuestra ingesta, se han analizado diversas moléculas que pudieran ayudarnos a reducir dicho aporte bloqueando determinadas rutas metabólicas que son activadas por el aporte calórico excesivo y que determinan la aparición de patologías y reducen la longevidad. En este sentido, se están estudiando los efectos que diversas moléculas exógenas ejercen en determinadas vías metabólicas celulares, que de forma más o menos directa ralentizan el proceso de envejecimiento, actuando en puntos concretos de dichos procesos metabólicos. Hemos comentado que la inflamación es un proceso que acelera el envejecimiento celular y es causante de múltiples patologías entre ellas alteraciones en el tejido nervioso (neuroinflamación) con el consiguiente daño neuronal asociado al mismo. En este sentido los salicilatos son moléculas que se han mostrado eficaces en la reducción de los marcadores de inflamación celular. Algunas moléculas como el resveratrol actúan de forma directa sobre las histonas que compactan en ADN (deacetilación) y de esta forma permiten la expresión de moléculas beneficiosas para la actividad celular (sirtuinas). La rapamicina actúa sobre la vía del cinasa mTOR que regula la supervivencia celular. La metformina que se utiliza como hipoglucemiante para reducir los niveles de glucosa en sangre también ha demostrado que produce un incremento en la longevidad al reducir los niveles de glucemia a valores homeostáticos.

Si comprobamos el mapa mundial de las zonas en las cuales la longevidad de las personas alcanza los valores más elevados, entre ellos España, veremos que en todas ellas las personas longevas han realizado una RC mantenida (han comido poco y de forma equilibrada en el aporte de nutrientes) y han realizado ejercicio físico (han trabajado de forma manual). Estos dos factores sabemos, en la actualidad, que son dos determinantes fundamentales, como hemos visto en apartados anteriores, para incrementar la longevidad y reducir los efectos negativos que el envejecimiento pudiera ejercer sobre nuestras células. Acabo con las palabras que una centenaria dijo: “comer poco y trabajar mucho ha sido mi secreto para cumplir cien años”. Hoy la biogerontología está aportando las bases biomédicas a este sabio consejo.

Dámaso Crespo

Vocal del Área Biológica de la SEGG ( Sociedad Española de Geriatría y Gerontología )


viernes, 13 de marzo de 2020

COMER POCO ALARGA LA VIDA


COMER POCO ALARGA LA VIDA

Ultima y esforzada investigación científica aporta la descripción más detallada de los beneficios de la restricción calórica para frenar el envejecimiento

Diario El País. España    27 febrero 2020

antoniocoronel1.blogspot.com
A vivir que son cien años


Desde hace décadas, los científicos conocen el secreto para hacer que casi cualquier animal viva mucho más de lo normal. Pueden hacer que un ratón duplique sus años de vida y que un macaco viva tres más de lo normal. El equivalente en personas sería vivir nueve años más y, además, con mucho menos riesgo de sufrir enfermedades asociadas al envejecimiento: cáncer, alzhéimer, diabetes. El problema es que el precio a pagar puede ser demasiado alto para muchos: comer menos, en concreto quitarse en torno a un 30% de las calorías diarias.
Este jueves se publica el estudio más detallado que se ha realizado nunca para aclarar qué le sucede a un cuerpo cuando se somete a esta restricción calórica. Sus resultados apuntan muchas claves de qué genes y moléculas son culpables del envejecimiento y trazan nuevas vías para conseguir posibles fármacos que consigan algo a priori imposible: parar el tiempo, detener el envejecimiento.
“Este estudio muestra que el envejecimiento es un proceso reversible”, explica el investigador Juan Carlos Izpisúa (Hellín, 1960), uno de los autores principales del trabajo. “Hemos mostrado que determinados cambios metabólicos que llevan a una aceleración del envejecimiento se pueden reprogramar de una manera relativamente sencilla, reduciendo nuestra ingesta calórica, con la finalidad no ya de extender nuestras vidas, sino, mucho más importante, de que nuestra vejez sea más saludable”, resalta este farmacólogo y biólogo molecular que trabaja en el Instituto Salk (EE UU).
El trabajo ofrece el atlas celular más detallado del envejecimiento en un mamífero y los efectos beneficiosos de moderar la dieta. El equipo se ha servido de la nueva tecnología de análisis genético célula a célula para analizar unas 200.000 células de nueve órganos y tejidos diferentes de ratas. En un grupo había roedores que comían lo que querían y en el otros animales que comían un 30% menos calorías.
Los investigadores usaron solo ratas adultas a las que estudiaron desde los 18 a los 27 meses de edad, lo que en humanos equivaldría a un seguimiento entre los 50 y los 70 años. Esto es importante, pues los estudios realizados en primates han mostrado que los beneficios de comer menos son solo patentes en individuos adultos, a la mitad —más o menos— de sus vidas.
Los resultados, publicados este jueves en Cell, aportan un catálogo completo de todos los cambios que suceden con la edad y la dieta tanto dentro de cada célula como en la comunicación entre estas. Los investigadores han detectado que los genes y los procesos moleculares más afectados con la edad tienen que ver con el sistema inmune —que se desregula en las ratas que comen a voluntad—, la inflamación y el metabolismo. La cantidad de células inmunes en casi todos los tejidos aumentó con la edad, pero no lo hizo en las ratas con calorías reducidas, que tenían unos niveles equiparables a los de ratas jovenzuelas de cinco meses. Las ratas en restricción calórica no mostraban más de la mitad de todos los marcadores de envejecimiento identificados en sus compañeras con una dieta normal.
Los investigadores Concepción Rodríguez y Juan Carlos Izpisúa, del Instituto Salk.CHRIS KEENEY / SALK
“La inflamación es un mecanismo esencial de defensa inmunológica que se ha desarrollado durante la evolución para aumentar la supervivencia de las especies”, explica Concepción Rodríguez, investigadora del Salk, coautora del estudio y esposa de Izpisúa. “El problema es que durante el envejecimiento hay una desregulación muy pronunciada del sistema inmune que da lugar a un estado de inflamación sistémica crónica y a la aparición de enfermedades asociadas a la edad, como por ejemplo el alzhéimer. La posibilidad de reprogramar ese estado inflamatorio aberrante mediante la restricción calórica sin duda nos proporciona una nueva herramienta para el posible tratamiento de enfermedades asociadas al envejecimiento”, resalta la investigadora.
Las pruebas de que la restricción calórica alarga la vida de las personas son más limitadas, en parte por el reto logístico y económico de seguir la vida y la dieta de cientos o miles de personas durante décadas, pero sí hay pruebas claras de que comer menos mejora marcadores de salud básicos. Ya están arrancando los primeros estudios para intentar ya no tratar una enfermedad concreta, sino atacar el envejecimiento con moléculas como la metformina, aprobada para tratar la diabetes
Muchos de los cambios observados en este estudio son epigenéticos, es decir, son como interruptores moleculares que están encima del ADN y que apagan o encienden ciertos genes. Es mucho más factible desarrollar fármacos para este tipo de marcadores, pues no es necesario modificar el genoma de las células, argumenta el equipo. Uno de los cambios moleculares que ha desvelado este estudio es la proteína Ybx1, que también está presente en humanos. Su producción estaba alterada en 23 tipos celulares diferentes y que podría ser una nueva diana para desarrollar un fármaco contra los efectos nocivos del envejecimiento
El trabajo también tiene una importante contribución de China y lo firman tres investigadores de este país que estudiaron en el Salk y ahora dirigen sus propios grupos en la Academia Nacional de Ciencias del país asiático.
Este estudio muestra que el envejecimiento es un proceso reversible
JUAN CARLOS IZPISÚA
“Es un estudio técnicamente impresionante y aporta una información valiosísima”, resalta Pablo Fernández-Marcos, experto en enfermedades metabólicas asociadas al envejecimiento en el centro IMDEA-Food, de Madrid. “Un hallazgo interesante es que las células de la grasa y de la aorta son las que más cambian con el envejecimiento y se recuperan con la restricción calórica, lo que confirma la importancia que tienen estos tejidos en el envejecimiento, por encima de otros más clásicos como el cerebro o la médula ósea", explica. "Y otro más, que yo veo muy importante, es que ven beneficios más claros de la restricción en machos que en hembras, lo que apoya algunos indicios anteriores. Hay pocos estudios comparando los dos sexos, y esto es un problema serio que se está intentando reducir comparando ambos sexos, como han hecho aquí”, resalta.
La acumulación de pruebas en este campo es tal que hay científicos muy serios que admiten abiertamente practicar algún tipo de restricción calórica o ayunos intermitentes, pues también se ha demostrado que esto activa procesos de reciclaje celular beneficiosos, incluso en casos de personas con cáncer que reciben quimioterapia. En este sentido Izpisúa confiesa que él no es una excepción: “Intento todos los días comer un poco menos”.



domingo, 22 de septiembre de 2019

ANA MARÍA CUERVO | INVESTIGADORA DEL ENVEJECIMIENTO “Estaríamos mejor si reducimos el consumo de calorías al 60%”












“Estaríamos mejor si reducimos el consumo de calorías al 60%”
Ana María Cuervo, codirectora del Instituto Einstein para la Investigación del Envejecimiento de Nueva York.  forma parte de un grupo internacional de científicos que estudia el envejecimiento como herramienta para combatir muchas enfermedades

Dice Ana María Cuervo (Barcelona, 1966) que la comida no es una de sus grandes pasiones, pero que tampoco le ha dado por hacer las dietas de restricción calórica que siguen algunos de sus colegas. Desde hace ochenta años, los experimentos con animales muestran que comer menos prolonga la vida y el tiempo que se vive con salud, pero los estudios que demuestren ese vínculo en humanos son complicados.
La codirectora del Instituto Einstein para la Investigación del Envejecimiento de Nueva York, cuenta también que se acaba de enterar de que en su laboratorio varias personas han empezado a practicar el ayuno intermitente, “que consiste en concentrar la misma cantidad de calorías en menos comidas”. “Eso tiene sentido porque en nuestro trabajo en el laboratorio, vemos que la autofagia [un sistema de reciclaje en el que las células se comen a sí mismas], que es necesaria para la limpieza celular, se activa cuando no comes durante un tiempo”, explica. “Lo que deberíamos hacer es comer tres veces al día, y no pasarnos todo el día picoteando porque no le damos tiempo a la autofagia a hacer la limpieza de las células”, añade. El ayuno intermitente obliga a cuadrar bien los horarios de las fiestas en su laboratorio, “porque hay que contar con cuándo puede comer cada uno”, continúa la investigadora. Aunque trabajan con animales, los efectos positivos sobre su salud han convencido a los científicos para cambiar sus propios hábitos.
Hace unos días, Cuervo estuvo en Madrid como organizadora de la Primera Conferencia Europea sobre Gerociencia, impulsada por la Fundación Gadea, un encuentro de expertos mundiales en envejecimiento que quiere cambiar el modo en que se enfocan las enfermedades. En los próximos meses, colaborará en el primer estudio del mundo que no tratará una enfermedad sino el envejecimiento mismo. Dirigido por Nir Barzilai, colega de Cuervo en la Escuela de Medicina Albert Einstein, probará si la metformina, una molécula para tratar la diabetes, puede retrasar también el envejecimiento.
Algunos investigadores, a la vista de los resultados en animales, han adoptado prácticas como el ayuno intermitente
Pregunta. ¿Sabemos qué nos pasa cuando envejecemos?
Respuesta. Es interesante esta pregunta, porque se podría pensar que si se está estudiando el envejecimiento, lo primero sería saber qué es. Llevamos muchísimos años estudiando el envejecimiento, pero eso solo se ha planteado en los últimos seis o siete. Qué factores o qué parámetros contribuyen al envejecimiento. Hace seis años, se creó esta idea de gerociencia y se definieron siete pilares del envejecimiento. Esto incluye procesos como la limpieza celular, que es lo que hacemos en mi laboratorio, el estudio de los telómeros, la eficiencia energética, que se reduce con el paso del tiempo, o los problemas de inmunidad.
Después de definir esos pilares, hemos tratado de comprobar experimentalmente si la hipótesis era correcta y hemos visto que esos procesos están interrelacionados. No habría que corregirlos todos. Si modificas uno de ellos, como por ejemplo mejorando la limpieza celular, harás que todo lo demás funcione mejor. Este es un mensaje positivo.
P. Ahora, el tratamiento de las enfermedades está muy compartimentado, o se trata el cáncer o el alzhéimer o la diabetes, pero supongo que si se comprendiesen bien estos siete pilares se podría actuar sobre alguno de ellos y tener un beneficio global en esas enfermedades relacionadas con el envejecimiento.
R. Si en vez de actuar en cada una de las enfermedades asociadas al envejecimiento actúas en el envejecimiento, que es lo que todas tienen en común, vas a mejorar todas esas enfermedades. Queremos concienciar a gente que está trabajando en enfermedades cardiovasculares, en diabetes o alzhéimer, para que empiecen a pensar también en el envejecimiento, porque es un factor común a todas ellas. Si empiezan a trabajar con investigadores del envejecimiento y se descubre algo que lo module, aunque no cures la enfermedad, porque no vas a ir la proteína que está mutada en alzhéimer, vas a lograr que se retrase mucho la aparición de síntomas.
Los supercentenarios viven mucho pese a que tienen muchos malos hábitos como fumar o comer comida basura
Siguiendo con el ejemplo del alzhéimer, aunque la mayoría de casos no están relacionados con mutaciones en particular, en los que están relacionados con una mutación de una proteína, esa persona nació ya con la mutación y esa proteína se ha estado produciendo de manera anormal desde el principio. Pero la persona a los 20 o a los 30 no tenía síntomas. Algo ha pasado después para que con la misma cantidad de proteína, la misma mutación, ahora de repente aparezcan los síntomas. Y lo que pasa es que la persona ha envejecido. Nosotros, si reponemos el sistema de limpieza celular, por ejemplo, vemos que esa proteína se puede seguir eliminando igual que cuando el animalito era más joven. No tienes por qué modificar la mutación o actuar directamente sobre la enfermedad de Alzheimer, pero si haces que el envejecimiento se retrase y mantienes tus sistemas de defensa y celulares bien, los síntomas aparecen mucho más tarde.
P. En animales se ha visto que la longevidad se puede manipular, que es flexible, pero en humanos no se ha visto que lo sea tanto. ¿Existe la posibilidad de doblar el máximo de esperanza de vida humana de los 120 a los 240 años, como se ha hecho en algunos animales?
R. Creo que lo más interesante es saber cómo van a ser ese doble de años. Si vamos a estar de la misma manera que cuando una persona es ya vieja, que está deteriorada, que pierde la memoria y depende de su familia para ir a todos sitios, yo no quiero prolongar la vida así. Queremos llegar a los 120 como llegó Jeanne Calment, que llegó haciendo lo mismo de siempre, fumando y paseando hasta el final. Lo que ha cambiado mucho en los últimos años es que en vez de hablar de años de vida hablamos de años de vida con salud. Queremos envejecer como envejecen los centenarios. Están sanos hasta casi el final y en dos meses mueren. Comprimir las enfermedades en un periodo corto antes de morir. La fecha en la que te mueres no es tan importante si eres funcional hasta el final.
P. ¿Los supercentenarios son un buen modelo para entender el envejecimiento saludable o son algo excepcional que tiene poco que ver con las personas normales?
R. Los utilizamos como modelo, porque estas personas envejecen muy bien a pesar de que no hacen nada de lo que se supone que se debería. Van a McDonald's o fuman, pero tienen buenos genes. El resto de los mortales, que no tenemos buenos genes, vamos a tener que utilizar otro tipo de intervenciones: dormir más, comer mejor y menos… Hacemos estudios genéticos en esas personas para ver qué modificaciones tienen y ver cómo podríamos modificar los procesos celulares de la gente normal para que hagan algo parecido a los centenarios.
Primero se mejoró mucho con la penicilina, luego con la insulina y ahora nos falta otra cosa
P. ¿Cuál sería la forma de cambiar estos genes o de intervenir?
R. En principio, no será modificación genética. Lo que va a pasar de inmediato es que vamos a encontrar medicamentos o compuestos que van a ser capaces de emular las vías funcionales de los centenarios. Si ellos tienen mejor limpieza celular, buscaremos un medicamento que mejore nuestra limpieza celular. Ya se están desarrollando algunos compuestos que todavía no están en la clínica. En vez de modificar los genes para parecernos más a ellos, buscaremos compuestos químicos para obtener el mismo efecto.
La otra forma sería modificar hábitos de vida. Ellos no necesitan preocuparse de no ir a McDonald's porque tienen buenos genes. El resto de los mortales podemos evitar forzar esas vías metabólicas o funcionales que en ellos trabajan tan bien, no comiendo azúcares refinados o no metiéndote comida basura todos los días.
P. ¿Cuáles son las formas demostradas para mejorar los mecanismos que se deterioran con el envejecimiento?
R. El ejercicio, por ejemplo, y está claro que las personas están mejor si reducen el consumo de calorías al 60%, y regulan muchos otros procesos. Pero es muy difícil de poner en práctica porque no vas a estar amargado toda tu vida. Por eso se buscan alternativas, como comer lo mismo pero más separado. Para eso sí que hay una base científica. Cuando los separas puedes activar los procesos de limpieza, pero después te puedes comer tu mariscada y no hay ningún problema. Queremos adaptar lo que vamos aprendiendo de los animales y aplicarlo a la sociedad, porque no todo el mundo va a ser capaz de restringir calorías y pasar hambre.
P. En los últimos años el tope de la esperanza de vida no ha variado mucho.
R. El tope de esperanza de vida no ha variado mucho, pero la etapa en que estamos sanos ha ido aumentando. Los que viven hasta los 120 siempre están sanos hasta el final. La población en general vive más años, y también las enfermedades aparecen más tarde. Antes todo el mundo se moría de infecciosas, luego de diabetes, que ahora se puede tratar. Ahora incluso el cáncer se empieza a controlar en algunas de sus formas. Según la población vive más, aparecen otros problemas. La incidencia de alzhéimer es muy preocupante. Sí que se ha ido avanzando, aunque da la impresión de que primero se mejoró mucho con la penicilina, luego con la insulina y ahora nos falta otra cosa que haga que se puedan tratar estas enfermedades en conjunto y creemos que los tratamientos que modulen el envejecimiento pueden hacernos subir ese peldaño.

viernes, 4 de enero de 2019


ANA MARÍA LAJUSTICIA LA GURÚ ESPAÑOLA DE LA ETERNA JUVENTUD
Blog  A vivir, que son cien años
https://antoniocoronel1.blogspot.com


A sus 94 años  mantiene una intensa actividad enseñando como ella se propone“ a vivir hasta los 110 años”
La Dra. Ana María Lajusticia ( Bilbao 26 de julio de 1924 ) es una referente muy especial en el actual esfuerzo científico orientado a que la humanidad pueda cruzar saludablemente el umbral de los cien años.

Experta en nutrición y dueña de una empresa de suplementos alimenticios que llevan su nombre -y su cara-, esta licenciada en Química  de 94 años, ofrece incansablemente en las redes sociales y en su canal de youtube, sus valiosos consejos para mejorar la salud de la gente, en especial una constante información sobre lo que ella llama “la revolución del magnesio”.


lunes, 24 de diciembre de 2018

“Prolon:la dieta de la longevidad” que promete lograr vivir hasta los 110 años


“Prolon:la dieta de la longevidad” que promete lograr vivir hasta los 110 años
 Desarrollada por el biólogo italiano Walter Longo, es un éxito editorial con más de 300 mil ejemplares vendidos.
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Walter Longo ( 49 años ) está al frente del Instituto de Longevidad de la facultad de Gerontología de la Universidad de California del Sur (Estados Unidos), y es también director del laboratorio de oncología y longevidad del Instituto de Oncología Molecular de Milán (Italia), lleva 25 años estudiando la materia, y ha seguido a 300 personas centenarias de todo el mundo y los efectos en la salud en pacientes con cáncer y alzheimer. Sus estudios se han publicado en revistas especializadas como Cell Metabolism Cell Stem Cell. Y hace poco la prestigiosa revista Time le dedicó la tapa y le definió como “el gurú de la longevidad”.

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Se puede llegar a los 100 años con buena salud? Esta pregunta, que pocos en la actualidad se animarían a hacerle frente, encuentra una contundente respuesta afirmativa en el prestigioso biólogo italiano Walter Longo, quien diseñó una dieta denominada “Prolon” que afirma “no sólo puede cumplir ese propósito sino superarlo”.


Se trata de un régimen que básicamente tiene dos ejes centrales: evitar la carne y ayunar al menos dos veces al año.De hecho, afirma que no hay que comer carne ni huevos, al menos hasta los 65 años. “No lo hacen -con ligeras variaciones- las personas que tradicionalmente alcanzan esa edad (por los 100 años), como los habitantes de la isla de Okinawa (Japón), Loma Linda en California, Icaria en Grecia y Calabria y Cerdeña en Italia”,  explica Longo.

A su entender, el secreto para ser centenario reside en las cantidades que le echamos al plato, hacer ejercicio, no comer grasas ni azúcares y practicar el ayuno periódicamente que “contribuye a la regeneración celular y fortalece el sistema inmunitario”.
En su libro “La dieta de la longevidad. Comer bien para vivir hasta los 110 años” (que ya lleva vendidos más de 300 mil ejemplares), Longo defiende los menús a base de verduras, principalmente. Su método tiene dos variantes: la primera es la llamada dieta de la longevidad, una guía alimenticia para el día a día; la segunda, es la que llama dieta que imita al ayuno (DIA): una pauta de alimentación de cinco días que consiste en ingerir 1.100 calorías el primer día y 800 los cuatro restantes en una dieta que sólo incluye verduras, frutos secos, fruta con cáscara y té.


Ejercicio, agua, café y vino

Longo recomienda beber dos copas de vino al día, dos o tres tazas de café y agua. Y acompañar la dieta con ejercicio moderado: basta con caminar rápido o subir escaleras.

También es clave el ayuno“Lo que empezamos a notar, tanto en los animales como en los humanos, fue que bajaba el número de glóbulos blancos durante el ayuno prolongado”, apunta Longo. “Luego, cuando se vuelve a comer, las células de la sangre se recuperan”.

                    Eliminar el “exceso de carga”

El ayuno prolongado fuerza al organismo a consumir sus reservas de glucosa, grasa y cetonas, pero también descompone una porción significativa de glóbulos blancos en la sangre, un proceso que Longo compara con quitarle a un avión el exceso de carga.
El ayuno prolongado además reduce la enzima PKA que, según Longo, es el gen clave que debe apagarse para que las células madre pasen a la modalidad regenerativa".

           Estudio que respalda la dieta de Longo

La dieta de la longevidad y el ayuno han mostrado beneficios para prevenir y tratar el cáncer, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, el alzheimer y las enfermedades auto-inmunes. Un estudio del Instituto de Longevidad de UCLA, a cargo del doctor Min Wei, encontró que hacer una dieta que imita el ayuno reduce los factores de riesgo de las enfermedades en la población saludable.

El equipo del doctor Min Wei evaluó los efectos de la dieta en distintos factores de riesgo de diabetes, cardiopatías, cáncer y otras enfermedades. La dieta ProLon es reducida en calorías, azúcares y proteína, pero rica en grasas insaturadas. Cuarenta y ocho participantes comieron normalmente durante tres meses y 52 hicieron la dieta especial durante cinco días por mes y comieron normalmente el resto de los meses.
A los tres meses, los grupos intercambiaron la alimentación. Algunos participantes tenían presión alta, colesterol HDL o “bueno” bajo, entre otros factores de riesgo.
En total, 71 participantes finalizaron el estudio publicado en Science Translational Medicine. Los valores del IMC, la presión, la glucosa en sangre y el colesterol mejoraron con la dieta, pero principalmente en aquellos con algún riesgo. Los efectos adversos fueron leves, como fatiga, debilidad y cefaleas.

               Algunas restricciones

El científico fundó la compañía L-Nutra que desarrolla una serie de productos que cuenta con la formulación exacta requerida para hacer esta especie de ayuno y que tiene un precio aproximado de 190 euros, aunque todavía no se puede conseguir en nuestro país. ( Argentina ) Las webs que permiten su compra están en Italia y el Reino Unido no dan esa opción.
“La dieta está diseñada para personas que desean mejorar la salud y el bienestar, con sobrepeso u obesidad que quieren adelgazar de manera simple y saludable, y con niveles anormales de biomarcadores de envejecimiento y enfermedades asociadas”, contó el doctor Joseph Antoun, CEO de L-Nutra, y admitió que las personas con enfermedades comunes por el sobrepeso y la obesidad, como la diabetes, la enfermedad cardiovascular y el cáncer, no deberían hacer la dieta sin aprobación médica.
Tampoco está aconsejada para menores de 18, embarazadas o mujeres que están amamantando, ni personas con ciertas enfermedades metabólicas, hepáticas o renales que pudieran agravarse con la disminución del azúcar o la proteína en la dieta, o si se padece alergia a la soja o las nueces. “Nunca debería combinarse con fármacos para bajar la glucosa en sangre, como la metformina o la insulina”, asevera Antoun.

( Extraído del Diario “Clarín” del 28 de setiembre de 2017 )



lunes, 19 de noviembre de 2018


COMER BIEN ES ENVEJECER MEJOR: LA DIETA DE LA LONGEVIDAD
CENIE
 (Investigación · 08 Febrero 2018 )


La gente ha estado perdiendo peso contando calorías durante años. Pero algunos estudios médicos recientes apuntan que si quieres mejorar tus hábitos alimentarios, sufrir menos enfermedades y tener una vida más larga, tu cuerpo necesita pensar que debe comer con menos frecuencia.
Los científicos que estudian la longevidad están investigando el ayuno para descubrir si los períodos regulares de ausencia de alimentos podrían ser la clave para prolongar la vida humana.
"Cuando consumes calorías entras en el juego", dijo Sebastian Brandhorst, analista de datos en el Longevity Institute, con sede en la Universidad del Sur de California, quien participa en estudios pioneros con lo que se llama la dieta de imitación rápida (FMD), una forma de comer que engaña al cuerpo para que piense que una persona está ayunando.
Los investigadores dicen que los resultados son alentadores. Bajo la dirección del Dr. Walter Longo, del Longevity Institute, se ha probado una dieta de ayuno en levaduras, roedores y un pequeño grupo de humanos. Los efectos producidos llevan a los investigadores a abogar por ensayos clínicos más grandes en humanos.
El instituto de investigación puso a los roedores en una dieta imitadora del ayuno dos veces al mes durante cuatro días. Al final de cada período los niveles de glucosa en sangre eran 40 por ciento más bajos, un hallazgo que los autores del estudio sugieren puede mostrar que el ayuno puede ayudar con la diabetes y otras enfermedades degenerativas. Los resultados, publicados en Cell, señalaron que los ratones, incluso después de regresar a una dieta regular y lecturas biológicas, todavía tenían menos tumores, inflamación y otros problemas de salud asociados con la edad.
En un pequeño estudio de 71 personas, la dieta del ayuno no solo redujo el peso corporal y la grasa corporal, sino que también disminuyó la producción de la hormona IGF-1, que se ha visto implicada en procesos celulares que conducen al envejecimiento y a enfermedades. Los sujetos del estudio también mostraron una disminución en la proteína C reactiva, que es notable porque es un marcador de inflamación y que en los últimos años se ha visto implicada en una variedad de enfermedades, desde enfermedades cardíacas hasta cáncer. Los resultados fueron publicados en Science Translational Medicine a principios del pasado año.
Aunque las personas pueden comer con la dieta, ésta engaña al cuerpo haciéndole creer que está ocurriendo un ayuno ya que desencadena las mismas tres respuestas que el ayuno del cuerpo humano: niveles más bajos de IGF-1, niveles más bajos de glucosa y un aumento en cuerpos cetónicos, que son moléculas enviadas al cerebro para usar como energía durante tiempos de inanición.
     Fundamentos de la dieta de la “longevidad”

Seguir una dieta pescetariana
Procurar una dieta cercana al 100% de plantas y basada en el pescado, limitando su consumo a dos o tres porciones por semana y evitando los que contienen un alto contenido de mercurio (atún, pez espada, caballa). Si tienes más de 65 años y comienzas a perder masa muscular, introduce más pescado en la dieta, junto con otros alimentos de origen animal, como huevos y ciertos quesos (preferiblemente pecorino o feta) y yogur hecho con leche de cabra.
No comer demasiada proteína
La ingesta de proteínas debería aumentar ligeramente después de los 65 años en personas que están perdiendo peso y músculos. Para la mayoría de las personas, un aumento del 10 al 20 por ciento (5-10 g más cada día) es suficiente. Finalmente, la dieta debe estar libre de proteínas animales (carne roja, carne blanca, queso), con la excepción de las proteínas del pescado, pero con alto contenido de proteínas vegetales (legumbres, nueces, etc.).
Maximizar las grasas buenas y los carbohidratos complejos
Todos los días escuchamos acerca de "bajo contenido de carbohidratos versus alto contenido de carbohidratos" o "bajo en grasa versus alto en grasas". No debería ser una cuestión de uno u otro, sino de qué tipo y cuánto de cada uno. De hecho, tu dieta debe ser rica en grasas insaturadas, como las que se encuentran en el aceite de oliva, salmón, almendras y nueces, pero lo más bajo posible en grasas saturadas, hidrogenadas y trans. Asimismo, la dieta debe ser rica en hidratos de carbono complejos, como los proporcionados por el pan integral, las legumbres y las verduras, pero bajos en azúcares y limitados en pasta, arroz, pan, fruta y zumos de fruta.
Comer dos comidas al día más un refrigerio
Lo ideal es tomar el desayuno y una comida importante más un refrigerio nutritivo bajo en calorías y bajo en azúcar al día. Si tu peso o masa muscular es demasiado baja, entonces come tres comidas al día más un refrigerio. A menudo escuchamos que debemos comer comidas pequeñas de cinco a seis veces al día. Además de la falta de evidencia que respalde el beneficio de dicho régimen en términos de una vida larga y saludable, es difícil para la mayoría de las personas regular la ingesta de alimentos cuando comen con tanta frecuencia. Si solo comes dos comidas y media al día, con solo una comida importante, es más difícil comer en exceso, particularmente en una dieta basada principalmente en vegetales.
Comer dentro de un período de 12 horas todos los días
Una práctica común adoptada por muchos grupos de centenarios es la alimentación restringida en el tiempo, confinando todas las comidas y refrigerios dentro de las 12 horas o menos por día. La eficacia de este método se ha demostrado en estudios en animales y humanos. Por lo general, desayuna después de las 8:00 y termina la cena antes de 20:00.

Practicar la dieta del ayuno al menos dos veces al año
Las personas menores de 65 años que no son frágiles ni desnutridas y no padecen enfermedades graves deben someterse al menos a dos ayunos de cinco días por año en los que se consuman de 800 a 1100 calorías por día. Los efectos de los ciclos de cinco días sobre los factores de riesgo de enfermedad y la optimización de la longevidad saludable son notables.

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