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miércoles, 11 de mayo de 2022

LA "LIMPIEZA" DE CÉLULAS SERÍA LA CLAVE PARA GOZAR DE SALUD PLENA POR MÁS TIEMPO PESE AL ENVEJECIMIENTO.

 ESTUDIO: LA "LIMPIEZA" DE CÉLULAS SERÍA LA CLAVE PARA GOZAR DE SALUD PLENA POR MÁS TIEMPO PESE AL ENVEJECIMIENTO.

Un proceso natural denominado autofagia se encarga de depurar las células y mantenerlas sanas. Un grupo de científicos investigan cómo potenciarlo para frenar las enfermedades de la vejez.
Actualmente, la humanidad pasa años, incluso décadas, en la vejez viviendo con enfermedades físicas o mentales causadas casi exclusivamente por el proceso de envejecimiento. En muchos de estos casos, se carecen de tratamientos para las enfermedades de la senectud.
Casi 150 años después, los trastornos asociados a la edad, como el alzhéimer o las enfermedades cardíacas, han alcanzado niveles epidémicos en el Norte del mundo, y la búsqueda del rejuvenecimiento conserva todo su atractivo.
"Nuestro objetivo tiene que dejar de ser vivir más tiempo y pasar a lograr una mayor calidad de vida en la vejez”, afirma el investigador, que además es coordinador principal del proyecto Macroautofagia y Neurodegeneración Necrótica en la Vejez (MANNA, por sus siglas en inglés), financiado por la Unión Europea.
AUTOFAGIA: DESINTOXICACIÓN CELULAR
De acuerdo con Nektario Tavernarakis, biocientífico y profesor de la Universidad de Creta, en Grecia, que estudia el envejecimiento, la muerte celular y la neurodegeneración, su objetivo es entender y, finalmente remediar, las causas celulares del deterioro biológico.
Desde los distintos tipos de cáncer, hasta las enfermedades que atacan a los órganos internos y el sistema circulatorio, hay todo un cúmulo de padecimientos y dolencias asociadas al envejecimiento. La pregunta es cómo resolver dicho deterioro biológico.
Al respecto, la autofagia, un proceso biológico que en griego significa "comerse a sí mismo”, carga con muchas esperanzas en torno a estas inquietudes. Es simple: las células utilizan la autofagia para librarse del material tóxico.
A medida que envejecemos, esta tarea básica de limpieza se realiza con menos eficacia, lo cual provoca la acumulación de errores y defectos de funcionamiento que desencadenan la inflamación que causa la enfermedad, y al final, la muerte celular necrótica, o necrosis.
Es decir, las pruebas apuntan a que la autofagia defectuosa es el denominador común de muchos trastornos relacionados a la vejez. Así, es la necrosis la que da pie a tumores, enfermedades hepáticas, derrames cerebrales y otros transtornos relacionados con la edad como el alzhéimer y el párkinson.
La investigación: por el desarrollo de una píldora "geroprotectora"
Pese a que la investigación en este campo está en sus comienzos, estudios indican que potenciar la autofagia puede alegar la supervivencia de las células, o sea, mejorar las chances de gozar de buena salud.
Mirando al futuro, Linda Partridge, directora fundadora del Instituto Max Planck de Biología del Envejecimiento de Alemania, afirma: "Vemos la posibilidad de desarrollar una sola pastilla que apunte a las vías biológicas que también influyen en la autofagia. La idea sería disponer de una polipíldora que atajara los mecanismos subyacentes que intervienen en más de una enfermedad relacionada con el envejecimiento”.
En pocas palabras, de poder atacar los procesos de envejecimiento, será posible retardar la degeneración relacionada con la edad y mantener a las personas más sanas por más tiempo. De esta forma sería posible tratar las enfermedades a un ritmo distinto, es decir, a medida que van a apareciendo.
A su vez, Patridge es la principal investigadora de GeroProtect, un proyecto financiado por la Unión Europea cuyo objetivo es encontrar un fármaco adecuado para esa píldora "geroprotectora”.
Para desentrañar la conexión entre la autofagia y la degeneración del sistema nervioso asociada a la edad. El proyecto MANNA de Nektarios Tavernakis se enfoca en gran medida en investigar al gusano Caenorhabditis elegans, el cual, sorprendentemente, tiene un sistema nervioso muy similar al de los seres humanos.
LA MITOFAGIA
En cuatro años de investigación, el equipo ha descubierto que la supervivencia y la conservación a largo plazo de las neuronas depende de un subtipo de autofagia denominada mitofagia. Es por medio de la mitofagia que el organismo limpia las células cuando está en su plenitud.
Con la edad, la mitofagia se ralentiza, dando paso a acumulaciones tóxicas en las células, que eventualmente produce inflamaciones hasta desembocar en deterioro celular y la muerte. Esta pérdida progresiva de células nerviosas funcionales es lo que causa la aparición de enfermedades neurodegenerativas.
"Nuestro trabajo sobre el C. elegans y el tejido cerebral humano nos permite confirmar que la mitofagia está infrarregulada en los pacientes de alzhéimer”, explica Tavernakis. Añade que siguen los esfuerzos por descifrar aquello que incluye en el mal funcionamiento de la mitofagia, y confía en que al final tendremos terapias génicas complejas para sustituir las secuencias genéticas que aceleran la necrosis por otra que potencien una autofagia saludable hasta bien entrada la vejez.
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Fuente: DW/ee (Horizon, the EU Research & Innovation Magazine, El País)
Transcripción: José Jiménez

domingo, 21 de noviembre de 2021

DISEÑAN ANTICUERPOS PARA DESTRUIR CELULAS VIEJAS Y FRENAR EL ENVEJECIMIENTO

 


 

19/10/2021
Cristina Sáez

 

El investigador de la UOC Salvador Macip lidera una investigación que ha conseguido crear "bombas inteligentes" que identifican y eliminan de forma específica las células envejecidas que se acumulan en los tejidos y empeoran su funcionamiento



El descubrimiento abre la puerta a desarrollar nuevos tratamientos para retrasar la progresión de enfermedades vinculadas a la vejez, como el alzhéimer, la diabetes tipo 2 o algunos cánceres. A la larga, también podría retardar el propio proceso de envejecimiento

No se sabe por qué algunas personas envejecen peor que otras y desarrollan enfermedades asociadas al proceso de hacerse mayor, como el alzhéimer, la fibrosis, la diabetes tipo 2 o algunos tipos de cáncer. Una explicación podría ser el nivel de eficiencia de la respuesta de cada organismo ante el daño que reciben las células a lo largo de la vida, por lo que acaban envejeciendo. En este sentido, investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y de la Universidad de Leicester (Reino Unido) han desarrollado un nuevo método para eliminar las células viejas de los tejidos y frenar así el proceso de envejecimiento. 

En concreto, han diseñado un anticuerpo que funciona como una bomba inteligente capaz de reconocer proteínas específicas en la superficie de estas células envejecidas o senescentes, engancharse a ellas y aplicarles un fármaco que las elimina, sin afectar al resto, lo que minimiza los potenciales efectos secundarios.  

Los resultados de este trabajo, publicado en Scientific Reports, abren la puerta a desarrollar tratamientos efectivos para retrasar la evolución de enfermedades vinculadas al envejecimiento. Asimismo, a la larga, este descubrimiento también podría retardar el propio proceso de envejecimiento, con el objetivo de mejorar la esperanza y sobre todo la calidad de vida de las personas en esta etapa.

"Por primera vez tenemos un fármaco basado en un anticuerpo que puede aplicarse a los humanos para frenar la senescencia celular", apunta el médico e investigador de la UOC y de la Universidad de Leicester Salvador Macip, que está al frente de esta investigación. 

"Nos hemos basado en las terapias que ya se usan en el cáncer y que se dirigen a proteínas concretas presentes en la superficie de las células cancerosas, y lo hemos trasladado a las células senescentes", explica el experto.

Todos los organismos vivos cuentan con un mecanismo llamado senescencia celular, que interrumpe la división de células dañadas y las elimina para que no puedan propagarse. Este mecanismo contribuye a frenar el cáncer, por ejemplo, y ayuda a modelar los tejidos durante la etapa de desarrollo embrionario.

Sin embargo, a pesar de ser un mecanismo biológico muy beneficioso, durante la etapa de la vejez contribuye al desarrollo de enfermedades. Parece que el motivo es que el sistema inmunitario ya no es capaz de eliminar de forma eficiente estas células senescentes, que se van acumulando en los tejidos, lo que empeora su funcionamiento. 

Algunos experimentos previos realizados en el laboratorio con modelos animales habían demostrado que, si se eliminaban estas células con fármacos, se conseguía retardar la progresión de la enfermedad y la degeneración propia de la edad. Para ello, se utilizaba un nuevo tipo de fármacos, denominados senolíticos, que son poco específicos y tienen efectos secundarios, lo que dificulta que puedan aplicarse a humanos.

El fármaco que han diseñado Macip y su equipo es un senolítico de segunda generación, teledirigido y muy específico. Los investigadores se han basado en los resultados de un trabajo previo en el que estudiaron el surfaceome, el conjunto de proteínas de la superficie de la célula, con el objetivo de identificar cuáles eran propias de las células senescentes. "No son universales, sino que cada tipo de célula envejecida tiene unas proteínas más presentes que otras", resalta Macip. 

En este nuevo trabajo, los investigadores han utilizado un anticuerpo monoclonal que han entrenado para que reconozca las células senescentes y se enganche a ellas. "Del mismo modo que los anticuerpos del organismo reconocen los microbios y nos protegen de ellos, nosotros hemos diseñado estos anticuerpos para que sean capaces de reconocer células viejas y les hemos aplicado una carga tóxica para que las destruyan, como si fueran misiles teledirigidos", afirma el investigador, que dirige el Laboratorio de Mecanismos del Cáncer y el Envejecimiento de la Universidad de Leicester. 

El tratamiento se podría empezar a administrar cuando aparezcan los primeros síntomas de enfermedades como el alzhéimer, la diabetes tipo 2, el párkinson, la artritis, las cataratas o algunos tumores. A largo plazo, los investigadores consideran que incluso se podría dar en ciertas circunstancias para conseguir un envejecimiento más saludable. 

 

Esta investigación de la UOC favorece el objetivo de desarrollo sostenible (ODS) 3, de salud y bienestar, de las Naciones Unidas.

 

Artículo de referencia: 

Poblocka, M., Bassey, A. L., Smith, V. M. et al. Targeted clearance of senescent cells using an antibody-drug conjugate against a specific membrane marker. Scientific Reports 11, 20358 (2021). https://doi.org/10.1038/s41598-021-99852-2

 

UOC R&I

La investigación e innovación (RI) de la UOC contribuye a solucionar los retos a los que se enfrentan las sociedades globales del siglo xxi, mediante el estudio de la interacción de la tecnología y las ciencias humanas y sociales, con un foco específico en la sociedad red, el aprendizaje en línea y la salud digital. Los más de 500 investigadores e investigadoras y los 51 grupos de investigación se articulan en torno a los siete estudios de la UOC y dos centros de investigación: el Internet Interdisciplinary Institute (IN3) y el eHealth Center (eHC).

La Universidad impulsa también la innovación en el aprendizaje digital a través del eLearn Center (eLC) y la transferencia de conocimiento y el emprendimiento de la comunidad UOC con la plataforma Hubbik.

Los objetivos de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y el conocimiento abierto son ejes estratégicos de la docencia, la investigación y la innovación de la UOC. Más información: research.uoc.edu #25añosUOC

sábado, 23 de octubre de 2021

LA CIENCIA RETA AL ENVEJECIMIENTO - Maria A. Blasco

 La ciencia reta al envejecimiento: Hacia un futuro sin enfermedad 

Conferencia de María A. Blasco (directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas): "La ciencia reta al Envejecimiento", en el acto de entrega de orlas a la 6ª promoción de graduados en Ciencias Biomédicas de la Universidad de Lleida, el pasado 13 de julio de 2018 en el auditorio del Centro de Culturas y Cooperación Transfronteriza del Campus de Cappont.

Maria A. Blasco

 Sr. Rector Magnífico y Sra. Vicerrectora, querida Amparo, muchas gracias por tus muy generosas palabras. Ilustrísimas autoridades académicas, distinguidos Profesores y demás personalidades, colegas, amigos, familiares… a todos los presentes os agradezco vuestra asistencia a este Doctorado honoris causa que se me concede. Distinción que entiendo que se me otorga por una obra colectiva, como lo es la tarea de investigación. Justo este mes, se cumplen 20 años desde que empezó mi grupo de investigación en España. Por él, han pasado más de 50 científicos y científicas de todo el mundo. Hace poco nos reunimos en Madrid para celebrarlo, y tengo la suerte de que algunos de ellos están hoy aquí conmigo. La investigación tiene muchas virtudes: no sólo creo es la manera más efectiva de avanzar en el desarrollo de la humanidad (y nos queda aún mucho por avanzar), sino que, además, tiene la importante función de formar otros científicos, de servir de cantera para las siguientes generaciones de científicos. Por eso es tan desastroso romper con esta cadena virtuosa de investigación y formación, algo que puede ocurrir si la financiación no es suficiente. Así que quiero compartir este honor con todos los científicos, hombres y mujeres, que me han acompañado durante mi carrera científica. Y quiero hacer una mención especial a mis mentoras: Margarita Salas y Carol W. Greider, quienes me han formado como científica y han apoyado en los primeros pasos de mi carrera. Creo que detrás de cualquier vida científica hay al menos tres cosas muy importantes: (i) una pregunta, (ii) la ambición de encontrar la respuesta, y sobre todo (iii) el sueño de querer mejorar las cosas, de avanzar en el conocimiento y en el desarrollo de la humanidad. La pregunta que me he hecho a lo largo mi vida científica, es una pregunta bastante simple. De hecho, estoy segura que ustedes también se han hecho esta misma pregunta muchas veces, incluso cuando eran niños o niñas…¿Por qué somos mortales?¿Por qué es nuestra vida finita ¿Por qué la duración de la vida es una y no otra? En definitiva…¿Por qué crecemos, envejecemos y morimos?¿Qué leyes de la biología determinan eso? ¿Por qué enfermamos?…y si lo averiguamos…¿Podríamos erradicar las enfermedades? Y si erradicamos las enfermedades… ¿Sería posible vivir más? Estas son las preguntas a la que he dedicado mi vida científica. Los griegos ya se hacían estas mismas preguntas, y tenían un mito muy bien pensado para explicar la mortalidad de los humanos, permítanme que lo relate: La Parcas eran tres hermanas hilanderas llamadas Cloto, Láquesis y Átropos. Eran las que regulaban la duración de la vida de los mortales, desde el nacimiento hasta la muerte. Esto lo hacían con ayuda de un hilo que la primera hilaba con una rueca, la segunda enrollaba y medía, y la tercera cortaba sin previo aviso terminando con la existencia del correspondiente individuo. Así, la longitud de este hilo determinaba la vida de cada mortal. De esta manera, estas criaturas mitológicas y sobrehumanas dictaban la longevidad humana. Según el mito, poco se podía hacer al respecto, era el destino, y había que asumirlo. Y creo que, 2000 años después, aún queda algo de ese mito, y aun asumimos que hay un destino sobrehumano e ineludible (llámenlo leyes naturales si quieren): aún asumimos que un día nos tocará irnos de este mundo, seguramente sin previo aviso, y que poco podremos hacer para evitarlo. Sin embargo, frente a esa resignación, fueron también los griegos, quienes desafiaron a los dioses, a las leyes naturales, y con ello escribieron algunas de las primeras líneas de la historia de la ciencia y de la medicina. La primera autopsia documentada se realizó en el año 300 a.c. en Alejandría y así se averiguó que la muerte tiene una causa fisiológica, no es un designio divino ni una ley natural inalterable. Posteriormente, el medico griego Galeno correlacionó lo encontrado en la autopsia con los síntomas que mostraban los pacientes antes de morir. Morimos porque hay enfermedades. Y así, gracias las autopsias, los griegos describieron muchas enfermedades, como, por ejemplo, el cáncer (que se llamó karkinoma en griego, por la similitud de su crecimiento con las patas de un cangrejo). Pero además de aprender que las Parcas no eran las que decidían la muerte, se abría la posibilidad de intervenir, de cambiar las cosas: si la muerte no es un designio divino, si hay una causa fisiológica identificada y eso causa las enfermedades, entonces podremos intentar evitarla, o al menos podremos intentar curar las enfermedades antes de que nos maten. Y en ello estamos. Más de 2000 años después de aquella primera autopsia con la que los humanos retamos a dioses, y a las leyes naturales, hemos avanzado muchísimo, y conocemos mucho de las enfermedades. Un ejemplo de éxito son las enfermedades infecciosas, algunas de las cuales hemos conseguido hasta erradicar (viruela) y otras podemos controlar. Esto ha sido posible gracias a que, primero hemos descubierto los gérmenes que las causan, y después hemos conseguido neutralizar o matar esos gérmenes. Un éxito reciente ha sido el SIDA, una enfermedad que mataba a las personas infectadas en menos de dos años y que hoy en día es crónica. De hecho, tenemos una cierta tranquilidad de que, aunque aparezcan gérmenes nuevos en el futuro, sabemos que el camino es primero identificarlos y después matarlos. El controlar las enfermedades infecciosas ha hecho que la esperanza de vida al nacimiento se haya duplicado desde principios del siglo XX. Sin embargo, 2000 años después, aún no hemos sido capaces de acabar con las grandes enfermedades de nuestra sociedad, aquellas que no son enfermedades infecciosas, y que hoy en día son la primera causa de muerte en los países desarrollados. El cáncer, el infarto, el Alzheimer, nos siguen matando prematuramente. Sabemos que el camino para acabar con ellas es identificar su germen, su causa, y así poder prevenirlas, curarlas cuando aparezcan, e incluso poder erradicarlas. Pero ¿Cuál es su germen? Sabemos que el germen es el proceso mismo del envejecimiento del organismo. En definitiva, es el hecho de nacemos, crecemos, envejecemos y morimos. ¿Podemos retar esa ley natural? ¿Será por eso por lo que aún no hemos conseguido acabar con ellas? Conseguirlo implicaría controlar nuestro propio destino biológico. El físico y premio Nobel Richard Feynman dijo: “No se ha encontrado aún nada en la biología que indique la inevitabilidad de la muerte. Esto sugiere que no es algo inevitable, y que es sólo cuestión de tiempo hasta que los biólogos descubran que es lo que la causa, y entonces, esa enfermedad universal y terrible, la temporalidad del cuerpo humano, será curada”. La temporalidad del cuerpo humano… entenderla es a lo que he dedicado mi vida científica. Me he dedicado a tratar de entender las causas moleculares de por qué envejecemos, ya que es el envejecimiento en sí mismo, la causa de la mayor parte de las enfermedades que afectan a nuestra sociedad. Algunos científicos, entre los cuales me incluyo, pensamos que cáncer y Alzheimer tienen el mismo origen molecular, que es este proceso de envejecimiento. De acuerdo con esta idea, hoy sabemos que las enfermedades no aparecen de un día para otro, cual Parca cortando el hilo de la vida caprichosamente, sino que se inician y desarrollan en nuestro organismo durante décadas antes de que se diagnostiquen como tales. También pensamos que, si no envejeciéramos, si fuéramos capaces de ser eternamente jóvenes, sería muy raro que sufriéramos estas enfermedades. Y claro, si fuésemos siempre jóvenes y no enfermáramos, seguramente también viviríamos mucho más…se alargaría indefinidamente ese hilo de las Parcas, que sólo se podría cortar de manera accidental, quizás con un nuevo germen infeccioso contra el cual aún no tenemos terapias, o de muerte accidental… En mi grupo hemos estado estudiando ese hilo de la vida de las Parcas, que no es otra cosa que una hebra molecular, una hebra hecha del ácido desoxiribonucleico o ADN. El ADN es la hebra de la vida. Si extendiéramos el ADN de una célula - y piensen que estamos formados por unos 37 trillones de células- éste mediría unos 2 metros. El ADN tiene codificada toda la información necesaria para la vida. Al final de esta hebra, justo en los extremos, hay una estructura especial llamada telómero, es especial porque al igual que Átropos se va acortando conforme vivimos. Ahora sabemos que la velocidad a la cual se acorta esta hebra, el telómero, está determinada por los genes, pero también por cómo vivimos, por lo que comemos, por si fumamos o no fumamos, por si hacemos o no ejercicio, y también por la buena o mala suerte que hemos tenido, incluso el estrés puede hacer que los telómeros se acorten más rápido de lo normal. En mi grupo hemos demostrado que la erosión de los telómeros, es una de las causas principales del proceso de envejecimiento celular y de enfermedad, incluido el cáncer. Esto lo hemos demostrado aislando en mamíferos una máquina molecular (un enzima) que es capaz de rejuvenecer los telómeros, la llamada telomerasa (que vendría a ser como las Parcas hiladoras Cloto y Láquesis), y que fue originalmente descubierta por la que fue mi mentora, Carol W. Greider, y por su mentora, Elizabeth Blackburn, y que por ello recibieron el Premio Nobel de Medicina o Fisiología en 2009 junto con Jack Szostak. El aislamiento de los genes de la telomerasa, en el que tuve la suerte de participar, nos ha permitido generar modelos animales donde hemos disminuido o aumentado la telomerasa. A menos telomerasa, hemos visto que los telómeros son más cortos y que se producen las enfermedades de manera prematura, y a más telomerasa los telómeros son más largos y hemos conseguido que se retrase la aparición de muchas enfermedades a la vez, en ratones. Y con ello, hemos conseguido que los ratones vivan sanos hasta un 40% más. Que sería como si consiguiéramos que la mayor parte de los humanos alcanzáramos a los 115-120 años en buen estado de salud. Aquí me gustaría hacer un inciso sobre la necesidad de innovar, de trasladar los descubrimientos básicos a aplicaciones. Los científicos no somos unos seres despistados que estamos al margen del mundo y de las necesidades humanas. No vivimos de espaldas a la innovación, de hecho, estamos ávidos de poder tener el apoyo necesario para poder trasladar nuestros descubrimientos a aplicaciones, ya que, para un científico, no hay nada más gratificante que el ver que sus descubrimientos pueden tener un impacto en la sociedad. En mi grupo, hemos trasladado algunos de nuestros descubrimientos sobre los telómeros y la telomerasa al desarrollo de biomarcadores de este proceso de envejecimiento, así los llamados test teloméricos nos permiten detectar a los individuos que tienen un proceso de envejecimiento acelerado, con el fin de detectar a tiempo o quizás también en el futuro de prevenir enfermedades. Además, estamos probando el potencial de usar la telomerasa como tratamiento para la prevención y tratamiento de distintas enfermedades degenerativas asociadas al envejecimiento en modelos de ratón, entre ellas la enfermedad cardiovascular, distintos tipos de fibrosis, y enfermedades neurodegenerativas. Quien sabe, quizás en un futuro no tan lejano podríamos evitar muchas enfermedades, y conseguir vivir más y mejor. En el caso del cáncer, aunque también es una enfermedad asociada al envejecimiento, sin embargo, se da un fenómeno único, que no ocurre en otras enfermedades del envejecimiento. El cáncer es especial. Las células del cáncer despiertan a la telomerasa de manera aberrante y así consiguen la inmortalidad. Por ello en el caso del cáncer, lo que estamos haciendo es intentar destruir sus telómeros, tal tijera de Átropos, para hacerlo envejecer y morir. ¿Cuál es entonces el objetivo final? No queremos ser inmortales como el cáncer, que perpetua la existencia de células dañadas que nos acaban matando… lo que nos gustaría es ser eternamente jóvenes y no enfermar… Y para esa diferencia entre inmortalidad y ser eternamente jóvenes también hay un ilustrativo mito griego. Titón era un mortal hijo del rey de Troya, era muy bello, y la diosa Aurora se enamoró de él. Para poder estar siempre con él, Aurora pidió a Zeus que concediera la inmortalidad a Titón, y Zeus se lo concedió. Pero a la diosa se le olvidó pedir también la juventud eterna, de modo que Titón fue haciéndose cada vez más viejo y arrugado hasta que se convirtió en un grillo. Hoy en día, quizás los humanos somos un poco como Titón, conseguimos vivir cada vez más años, pero seguimos envejeciendo, de tal modo que cada vez estamos más viejos y tenemos más enfermedades. Lo que tendríamos que conseguir es alargar la juventud y de este modo viviríamos sanos durante más tiempo y habría menos enfermedades: eso es lo que hemos visto que pasa en los ratones a los que alargamos los telómeros con telomerasa, no es que vivan más tiempo estando viejos, sino que lo que hacemos es aumentar la juventud y evitar las enfermedades, y por ello viven más. Dejando ya el tema de lo que ha sido mi carrera investigadora, quiero decirles que este tema de los telómeros me sigue apasionando más de 20 años después de empezar a trabajar en él. Y para mi es una satisfacción que algo que me gusta tanto, además, me traiga hoy este gran honor y reconocimiento. Y aquí, quiero hacer otro inciso. Tengo que hacer un agradecimiento a alguien, a alguien que hasta hace poco era un desconocido para mí. Gracias a él, descubrí la Biología Molecular e hice de ella mi modo de vida. Sin él, seguramente no estaría yo hoy aquí. Este desconocido está aquí también, y por supuesto, no es ningún desconocido. Es el responsable junto con Francisco Mójica de uno de los descubrimientos más revolucionarios de la biotecnología moderna. Pero, además, estoy segura que siempre ha tenido el tiempo y capacidad de transmitir su pasión por la ciencia a otros, como lo hizo conmigo. Y es que hace más de 30 años, cuando estudiaba COU en el Instituto San Vicente del Raspeig, vino a contarnos su trabajo en lo que por aquel entonces se llamaba “ingeniería genética”, y hoy llamamos Biología Molecular. El tema de “manipular los genes”, de diseñar la vida, cortando y pegando, me fascinó y decidí que yo me quería dedicar a aquello. Recuerdo que le pregunté qué carrera tenía que estudiar y dónde- yo en aquel momento había decidido ya hacer alguna Ingeniería-. Y me dijo que tenía que estudiar Biología, así que cambié el “chip” y me dispuse a estudiar Biología. En Alicante no había Biología... Y le pregunté dónde debería ir a estudiar Biología para hacer exactamente Ingeniería Genética, y me dijo que el mejor sitio era la Universidad Autónoma de Madrid porque allí estaba el Centro de Biología Molecular. Les puedo decir que no paré hasta conseguirlo. Ya en el CBM hice mi tesis con Margarita Salas, con quien estudié un enzima que sintetizaba los extremos del ADN de un virus, y así me interesé por los extremos del ADN de los eucariotas, nuestro ADN, los telómeros. Así, descubrí la telomerasa y decidí ir a Nueva York con Carol W. Greider, una de sus descubridoras. Fui al Cold Spring Harbor Laboratory, la “Meca” de la Biología Molecular, donde se habían hecho algunos de los experimentos que están los libros de texto y donde estaba Jim Watson, el descubridor de la hebra de la vida, el ADN. Mil gracias Paco Rodríguez-Varela por inspirarme y por enseñarme el camino. Quiero también agradecer a mi familia, en especial a mi madre, su apoyo constante a que yo cumpliera mis sueños, aunque aquello les supusiera un esfuerzo económico para estudiar primero en Valencia y después en Madrid. Ellos no habían podido ir a la Universidad, pero sabían que lo más importante es el conocimiento, el saber, “algo que nunca nadie te podrá quitar”, me decían. Con estas palabras finalizo mi intervención, agradeciendo de nuevo este honor y con un deseo final: sigamos creando una tradición empírica para nuestro país pues el conocimiento, o lo que es aún más importante, el reconocer que aún no lo sabemos todo, y que tenemos mucho por aprender, la obligación científica de seguir haciéndonos preguntas, es el camino para poder avanzar hacia un futuro mejor y más justo.

martes, 27 de julio de 2021

LOS SECRETOS DE LOS CENTENARIOS. Un estudio del Hospital Universitario de Ámsterdam sigue la evolución de 332 mayores de 100 años que conservan su capacidad cognitiva para contribuir a la lucha contra el alzhéimer

 





Suena el timbre, y abre la puerta la dueña de la casa, Susan Hosang-Van Riemsdijk. Reside en la ciudad de Hilversum, en el centro de Países Bajos, en un inmueble de planta baja e independiente. Es un sábado de julio, corre una ligera brisa, y ella misma ha plantado las flores que adornan la entrada. Nada parece excepcional, a no ser por la edad de la anfitriona: 102 años. En perfecta forma, vive sola, nada, va en bicicleta y conduce su auto en distancias cortas, juega al bridge, sigue una dieta equilibrada y tiene una estrecha relación con sus dos hijas, seis nietos y 14 biznietos. Los centenarios son un grupo de población único para analizar los fundamentos genéticos de la longevidad, así como los factores de riesgo que determinan los desórdenes degenerativos y Susan es una de los 332 holandeses de dicha generación que participan en un estudio sobre la relación entre la salud y la capacidad cognitiva en la vejez. Dirigido por la bioquímica Henne Holstege desde el Hospital Universitario de Ámsterdam, los científicos han observado que el genoma de esta liga de centenarios está enriquecido con elementos genéticos protectores. A pesar de que con la edad han acumulado en su cerebro proteínas relacionadas con el alzhéimer, ellos parecen resistir los efectos de estos factores de riesgo, y esta investigación puede contribuir a la mejora de los tratamientos para pacientes con demencia.

Según explica Holstege, que investiga desde 2013 a los centenarios, si llegas a esa edad “la posibilidad de desarrollar demencia es mayor que la de morir, de modo que, una vez cumplido un siglo, no debería quedar nadie sano desde el punto de vista cognitivo”. Añade que hay personas que conservan la salud cognitiva pasados incluso los 110 años —los llamados supercentenarios— y le interesa saber “cómo es científicamente posible cumplir un siglo con una buena capacidad cognitiva, cuáles son los mecanismos moleculares que mantienen la salud mental a largo plazo, y qué papel juega la herencia”, asevera en conversación telefónica. Para lograrlo, su equipo visita anualmente desde 2013 a los integrantes del grupo de estudio, con un promedio de edad de 100 años y medio, para medir su atención, percepción, comprensión o memoria. También piden muestras de heces, estas últimas para analizar la microbiota. Un 75% son mujeres y más de la mitad viven independientes en residencias. Los expertos han secuenciado asimismo su genoma, y lo comparan con el ADN de otras personas aquejadas de demencia en colaboración con el Centro para el Alzhéimer, de Ámsterdam. Aspiran con ello a trazar las variantes genéticas protectoras enriquecidas en los centenarios sanos, y que los distinguen del resto de la población.

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El genoma es una de las herramientas para entender qué va mal en un cerebro con demencia “porque entre un 60% y un 80% de la posibilidad de tenerla, o bien de sufrir alzhéimer, que es la forma prevalente, viene definido por factores genéticos.

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Holstege indica que el genoma es una de las herramientas para entender qué va mal en un cerebro con demencia “porque entre un 60% y un 80% de la posibilidad de tenerla, o bien de sufrir alzhéimer, que es la forma prevalente, viene definido por factores genéticos”. Y añade: “Vemos que los centenarios han mantenido la eficacia de la respuesta inmunitaria —en el grupo de estudio algunos han superado un cáncer o el coronavirus— y se trata de saber cómo han resistido el declive de las defensas contra las enfermedades para proteger así a los que están en riesgo de deterioro mental”. Un 30% del grupo de estudio consiente en donar su cerebro a la ciencia llegado el momento.

La larga vida de una holandesa, Hendrikje van Andel-Schipper, que falleció en 2005 a los 115 años con plena lucidez, fue lo que llevó a la bioquímica a interesarse por estos mayores. Países Bajos no figura en la lista de las denominadas Zonas Azules del mundo donde hay gente que supera el promedio de edad de su entorno —están Japón, Grecia, Costa Rica, California e Italia— pero cuenta con una cifra llamativa de centenarios en buena forma. En 2020, había 2.006 mujeres y 392 hombres, de cien o más años, en una población de 17 millones de habitantes, según la Oficina Central de Estadística. Para el año 2029, la misma fuente espera que haya unos 3.400 centenarios “debido a un pequeño baby boom después de la I Guerra Mundial”.

Susan Hosang-Van Riemsdijk nació en 1919 y sus hijas tienen 74 y 70 años. En las fotos que adornan su sala de estar ambas parecen mucho más jóvenes. Su esposo, sin embargo, que era ingeniero electrónico, falleció a los 67 años. “Muy joven, una pena; era fumador”, dice, para relatar luego un capítulo de su juventud que resume la fortaleza física de ella y las penurias de la ocupación nazi del país durante toda la II Guerra Mundial. Con su marido escondido “en el hueco que quedaba entre el comedor y la cocina para que no le llevaran a hacer trabajos forzados a Alemania”, Susan iba a buscar comida en una bicicleta con ruedas reforzadas con madera y neumático de coche. “Pesaba mucho, pero recorría 145 kilómetros de ida, y otros tantos de vuelta, en busca de alimentos en una granja situada al este del país. Había más gente que hacía lo mismo, y los granjeros no querían dinero o joyas. Solo pedían ropa, y la primera vez volví vestida con un pijama que era lo único que me quedaba”, recuerda. Al principio de su matrimonio no trabajó, “así eran las cosas”, pero entre sus 50 y 80 años se dedicó a la pedicura, la estética y los masajes japoneses shiatsu, para lo que obtuvo los correspondientes diplomas.

Otro de los que participa en la investigación es Frits Brockhus, también de 102 años, que vive en la ciudad de Zandvoort, al oeste del país, famosa por su circuito de fórmula 1. Fue investigador policial durante tres décadas. Ágil y jovial, su jardín se llena de gorriones durante la charla. “Suelo desayunar fuera y se posan en mis rodillas esperando alguna migaja”, asegura. Se cuida la vista y el oído, le gustan la carne y el arenque y toma algo de vino, apenas ha fumado, lee en inglés al escritor británico John Le Carré y escucha música clásica. Y ha hecho mucho ejercicio. “He practicado fútbol y bádminton, senderismo y natación, y he usado a fondo la bici”, explica, para mostrar luego el triciclo de última generación con el que visita a su hija, de 64 años, yerno y dos nietas, a los que está muy unido. Sus retratos decoran el salón y los muestra encantado. Son 14 kilómetros entre ida y vuelta a casa de la hija, y hace dos años podía hacer hasta 80 kilómetros. Aunque también se ha caído: una vez en una partida de bádminton, con 80 años, y se rompió el fémur. A los 92 años, un perro lo tiró de la bici y pasó dos meses en reposo con una fractura de pelvis.

La madre de Susan llegó a los 95 años. Frits es el séptimo de 10 hermanos, y dos de sus hermanas cumplieron 102 años, una tercera 103 y otra 98. Los dos hermanos que le quedan tienen 98 y 95 años. Otro más falleció a los 52 años, “de fumar”, señala. Él califica su matrimonio de muy feliz, y se emociona al recordar que perdieron una hija a los 17 años, por un tumor cerebral, y a otros dos bebés. Su memoria es la del siglo XX, y la II Guerra Mundial le sorprendió con 21 años, cuando ya trabajaba en la policía local holandesa. “Fue una época muy difícil porque nunca sabías si la Gestapo iba a aparecer. Luego estaban los bombardeos, o cuando algún avión era derribado y nadie salía vivo. Espantoso”, recuerda. Sin conocerse, ambos centenarios coinciden en que “el ejercicio físico te ayuda a envejecer en mejores condiciones”. Según Henne Holstege, “cuanto mejor están cognitivamente, más años viven y vemos que sus hijos se benefician del factor hereditario”, y se ha propuesto aprender de ellos.

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Fuente: El País

Transcripción: José Jiménez O.

Fotos:

1.- Frits Brockhus, de 102 años, en su casa de Zandvoort (Países Bajos), el pasado 11 de julio.I. F.

2.- Susan Hosang-Van Riemsdijk, de 102 años, en su residencia de Hilversum, en el centro de Países Bajos.I. F.

 

viernes, 15 de noviembre de 2019

Encuentran la clave de la longevidad de las especies


Encuentran la clave de la longevidad de las especies
Por cenie

Un perro vive más que un ratón, pero menos que un humano. ¿Cuál es la clave biológica que determina la longevidad de los animales? Según esta nueva investigación española que puede ayudar en la lucha contra el cáncer y el envejecimiento, la velocidad de acortamiento de los telómeros es la clave de la longevidad de las especies
Ratones, cabras, delfines, gaviotas, renos, buitres, flamencos, elefantes, humanos... En el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) han estudiado decenas de aves y mamíferos y han llegado a una interesante conclusión: existe una relación muy clara entre lo que vive cada especie y la velocidad a la que se acortan sus telómeros, unas estructuras que protegen los genes en los cromosomas y que ya se sabía que eran vitales en el envejecimiento. La relación se expresa con una ecuación matemática, una fórmula capaz de predecir con exactitud la longevidad de especie y revela que las especies cuyos telómeros se acortan más rápido viven menos.
“El ritmo de acortamiento de los telómeros es un potente predictor de la duración de la vida de las especies”, han explicado los científicos, con María Blasco a la cabeza del grupo de investigación, en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) donde se ha publicado el estudio.
La relación se ajusta a un tipo determinado de curva matemática -conocida como una curva potencial- que también se da en otros procesos como el crecimiento poblacional, el tamaño de las ciudades, la extinción de especies, la masa corporal y los ingresos individuales, entre otros.
Para María Blasco, jefa del Grupo de Telómeros y Telomerasa del CNIO y directora del trabajo, el que haya una relación tan clara entre velocidad de acortamiento de los telómeros y longevidad apunta a que “hemos hallado un patrón universal, un fenómeno de la biología que explica la duración de la vida de las especies, y que merece más investigación”.
Predecir la longevidad de los animales
En el caso de la relación entre acortamiento telomérico y longevidad de especies, la curva encaja muy bien con los datos. De hecho, “la ecuación puede usarse para predecir la longevidad de las especies partiendo únicamente del ritmo de acortamiento de los telómeros”, apuntan los autores. De hecho, según los científicos, el ajuste es mejor cuando se usa la longevidad media de la especie -79 años, en el caso de los humanos-, en vez de la máxima -los 122 años documentados que vivió la francesa Jeanne Calment-.
Hace tiempo que se sabe que los telómeros tienen mucho que ver en el envejecimiento del organismo. Los telómeros integran los extremos de los cromosomas dentro del núcleo de la célula; su función es proteger los genes. Sin embargo, cada vez que las células se multiplican para reparar daños sus telómeros se hacen un poco más cortos. A lo largo de la vida puede ocurrir que los telómeros se acorten demasiado, y no se puedan regenerar más. Cuando eso sucede la célula deja de funcionar normalmente.
Hasta ahora no se había encontrado relación entre los telómeros de cada especie y su longevidad. Hay especies con telómeros muy largos que viven poco, y viceversa. Por eso los investigadores del CNIO decidieron comparar no la longitud absoluta de los telómeros sino su velocidad de acortamiento. Es el primer estudio a gran escala que compara este parámetro, muy variable entre especies: los telómeros humanos pierden de media unos 70 pares de bases -los ladrillos del material genético- al año, mientras que los de los ratones, unos 7000 pares de bases.
Según Kurt Whittemore, implicado en la investigación, este trabajo confirma que los telómeros tienen un papel importante en el envejecimiento: “Hay gente que lo duda, cuando advierte que por ejemplo los ratones viven dos años y tienen telómeros muy largos, mientras que los humanos vivimos mucho y tenemos telómeros cortos; pero nosotros demostramos que lo importante no es el tamaño inicial sino el ritmo de acortamiento, un parámetro que predice la longevidad de especie con un alto grado de precisión”.
El mejor predictor de la longevidad
Los investigadores midieron los telómeros en los glóbulos blancos de individuos de distintas edades, en cada especie. Se estudiaron, en concreto: nueve delfines de entre 8,6 y 50,1 años de edad; 15 cabras de entre 0,8 y 10,1 años; ocho renos de 1,4 a 10,5 años; 15 flamencos de entre 0,8 y 50,1 años; 6 buitres de entre 8,1 y 21,4 años; cuatro elefantes de Sumatra de entre 6,1 a 24,7 años; gaviotas -anilladas- de entre 0 y 24 años; y 7 ratones de entre 1,4 y 2,6 años. La edad de las gaviotas se determinó a partir de las anillas que se colocan cuando son pollos, y que permiten la identificación de los individuos a lo largo de su vida. En colaboración con el equipo veterinario del Zoo de Madrid y en algunas especies, como elefantes y delfines, a través de los entrenamientos médicos que permiten la colaboración de los animales de forma voluntaria en sus chequeos veterinarios, se tomaron muestras de sangre haciéndolo coincidir con sus analíticas rutinarias de seguimiento de su estado de salud.
Los resultados indicaron que la velocidad de acortamiento de los telómeros predice la longevidad de especies mucho mejor que otros parámetros considerados hasta ahora, como el peso corporal -en general las especies más pequeñas tienden a vivir menos tiempo- o el ritmo cardiaco.
Futuras investigaciones
El siguiente paso es estudiar especies muy longevas para su tamaño, como la rata topo desnuda o el murciélago. De todas maneras, como apuntan los científicos “estos resultados apoyan la idea de que el acortamiento crítico de los telómeros y la consiguiente aparición de daño en el ADN telomérico y de la senescencia celular es un factor determinante de la duración de la vida de las especies”.


sábado, 5 de octubre de 2019


Primeros indicios de que el envejecimiento epigenético se puede revertir


Yahoo Noticias11 de septiembre de 2019

Ver fotos
Posiblemente sea la noticia biomédica de la semana. Gracias a un pequeño estudio realizado por diferentes instituciones científicas de California, y publicado en Aging Cell, tenemos los primeros indicios firmes de que el envejecimiento no solo puede ralentizarse, sino que incluso se podría revertir. Los resultados sorprendieron a los propios investigadores que, no obstante, advierten que es un estudio muy preliminar y con un reducido número de participantes.
Tendremos precaución al analizar sus resultados y para entender la importancia de este trabajo deberíamos empezar diferenciando edad cronológica (los años que tienes) con el denominado “reloj epigenético”. Este concepto, desarrollado por numerosos investigadores durante las últimas décadas, se basa en el epigenoma de un individuo, sumado a factores externos y de hábitos, representando un patrón de etiquetas y marcadores en el ADN. De esta manera una persona puede tener 60 años pero sus células, su reloj epigenético, pueden retrasarse o superar esa edad cronológica.
En los últimos años los científicos han ido mejorando la exactitud de los relojes epigenéticos seleccionando diversos conjuntos de sitios de metilación del ADN en todo el genoma, e incluso numerosos investigadores han desarrollado terapias y fármacos que están consiguiendo “desacelerar” ese reloj epigenético pero nunca habían logrado invertirlo… hasta ahora.
En el estudio publicado esta semana, un pequeño grupo de nueve voluntarios sanos tomaron un cóctel de tres medicamentos bastante comunes (una hormona del crecimiento y dos medicamentos para la diabetes), y según los resultados del estudio, en promedio, retrasaron unos 2.5 años de su edad biológica, medidos analizando las marcas en los genomas de una persona. El sistema inmunitario de los participantes también mostró signos de rejuvenecimiento.
Gracias a investigaciones muy recientes hemos logrado numerosos enfoques biomédicos para mejorar el envejecimiento en modelos animales, e incluso en algunos de estos estudios (Das et al., 2018 ; Ocampo et al., 2016 ; Zhang et al., 2017) parecen revertir los aspectos generales del envejecimiento en mamíferos adultos, en comparación con diferentes mediciones fisiológicas. Sin embargo, hasta ahora, no teníamos evidencias de que el envejecimiento sistémico pudiera revertirse en humanos. En propia Revista Nature, inmunólogos y expertos señalan que es un hallazgo con “enormes implicaciones no solo para las enfermedades infecciosas sino también para el cáncer y el envejecimiento en general".
Sin duda, es una investigación apasionante, pero antes de echar las campanas al vuelo y pensar en escenarios futuristas como “el curioso caso de Benjamin Button” con un Brad Pitt rejuveneciendo a cada minuto de la película, debemos señalar nuevamente que el estudio presenta indicios aún muy débiles. Los propios responsables del trabajo advierten del reducido número de participantes y que, para confirmar estos resultados, ya están planeando un estudio más amplio que incluirá personas de diferentes grupos de edad, sexos y etnias.
Sin duda, es una investigación apasionante, pero antes de echar las campanas al vuelo y pensar en escenarios futuristas como “el curioso caso de Benjamin Button” con un Brad Pitt rejuveneciendo a cada minuto de la película, debemos señalar nuevamente que el estudio presenta indicios aún muy débiles. Los propios responsables del trabajo advierten del reducido número de participantes y que, para confirmar estos resultados, ya están planeando un estudio más amplio que incluirá personas de diferentes grupos de edad, sexos y etnias.

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Posiblemente sea la noticia biomédica de la semana. Gracias a un pequeño estudio realizado por diferentes instituciones científicas de California, y publicado en Aging Cell, tenemos los primeros indicios firmes de que el envejecimiento no solo puede ralentizarse, sino que incluso se podría revertir. Los resultados sorprendieron a los propios investigadores que, no obstante, advierten que es un estudio muy preliminar y con un reducido número de participantes.
Tendremos precaución al analizar sus resultados y para entender la importancia de este trabajo deberíamos empezar diferenciando edad cronológica (los años que tienes) con el denominado “reloj epigenético”. Este concepto, desarrollado por numerosos investigadores durante las últimas décadas, se basa en el epigenoma de un individuo, sumado a factores externos y de hábitos, representando un patrón de etiquetas y marcadores en el ADN. De esta manera una persona puede tener 60 años pero sus células, su reloj epigenético, pueden retrasarse o superar esa edad cronológica.
En los últimos años los científicos han ido mejorando la exactitud de los relojes epigenéticos seleccionando diversos conjuntos de sitios de metilación del ADN en todo el genoma, e incluso numerosos investigadores han desarrollado terapias y fármacos que están consiguiendo “desacelerar” ese reloj epigenético pero nunca habían logrado invertirlo… hasta ahora.
En el estudio publicado esta semana, un pequeño grupo de nueve voluntarios sanos tomaron un cóctel de tres medicamentos bastante comunes (una hormona del crecimiento y dos medicamentos para la diabetes), y según los resultados del estudio, en promedio, retrasaron unos 2.5 años de su edad biológica, medidos analizando las marcas en los genomas de una persona. El sistema inmunitario de los participantes también mostró signos de rejuvenecimiento.
Gracias a investigaciones muy recientes hemos logrado numerosos enfoques biomédicos para mejorar el envejecimiento en modelos animales, e incluso en algunos de estos estudios (Das et al., 2018 ; Ocampo et al., 2016 ; Zhang et al., 2017) parecen revertir los aspectos generales del envejecimiento en mamíferos adultos, en comparación con diferentes mediciones fisiológicas. Sin embargo, hasta ahora, no teníamos evidencias de que el envejecimiento sistémico pudiera revertirse en humanos. En propia Revista Nature, inmunólogos y expertos señalan que es un hallazgo con “enormes implicaciones no solo para las enfermedades infecciosas sino también para el cáncer y el envejecimiento en general".
Sin duda, es una investigación apasionante, pero antes de echar las campanas al vuelo y pensar en escenarios futuristas como “el curioso caso de Benjamin Button” con un Brad Pitt rejuveneciendo a cada minuto de la película, debemos señalar nuevamente que el estudio presenta indicios aún muy débiles. Los propios responsables del trabajo advierten del reducido número de participantes y que, para confirmar estos resultados, ya están planeando un estudio más amplio que incluirá personas de diferentes grupos de edad, sexos y etnias.
Sin duda, es una investigación apasionante, pero antes de echar las campanas al vuelo y pensar en escenarios futuristas como “el curioso caso de Benjamin Button” con un Brad Pitt rejuveneciendo a cada minuto de la película, debemos señalar nuevamente que el estudio presenta indicios aún muy débiles. Los propios responsables del trabajo advierten del reducido número de participantes y que, para confirmar estos resultados, ya están planeando un estudio más amplio que incluirá personas de diferentes grupos de edad, sexos y etnias.

lunes, 8 de julio de 2019

¿El fin del envejecimiento? Conociendo a Aubrey de Grey,


 “El Fin del envejecimiento”

Conociendo a Aubrey de Grey, la mente detrás del éxito.

cenie       04 Diciembre 2017


 Aubrey de Grey es un conocido gerontólogo biomédico inglés que se graduó en Ciencias de la Computación, con un posterior doctorado en Biología por la Universidad de Cambridge en 1985 y 2000, respectivamente. El Dr. de Grey es editor jefe del Rejuvenation Research, es miembro de la Sociedad Gerontológica de Estados Unidos y de la American Aging Association, formando parte de las juntas asesoras editoriales y científicas de numerosas revistas y organizaciones.
Sin embargo, quizás el mayor logro del Dr. Aubrey de Grey sea su labor en la SENS Research Foundation, una organización sin ánimo de lucro y cofundada por Michael Kope, Aubrey de Gray, Jeff Hall, Sarah Marr y Kevin Perrott, con sede en Mountain View, (California) y donde ejerce como jefe de investigación.

              ¿El fin del envejecimiento?

El Dr. de Grey es ahora una cara conocida del público gracias a sus fuertes opiniones sobre el envejecimiento. Él afirma que la tecnología médica puede permitir que los seres humanos vivan indefinidamente, o casi. Su investigación se centra en si la medicina regenerativa puede prevenir el proceso de envejecimiento, trabajando en el desarrollo de lo que él llama "Estrategias para la Ingeniería de la Senescencia Insignificante" (SENS), una colección de técnicas propuestas para rejuvenecer el cuerpo humano y detener el proceso de envejecimiento. Para este fin, identificó siete tipos de daños moleculares y celulares causados ​​por procesos metabólicos esenciales y una serie de terapias diseñadas para reparar los mismos.
El libro “El fin del envejecimiento”, obra que el gerontólogo lanzó en 2007, describe el plan audaz pero altamente científico para eliminar el envejecimiento humano a través de la ingeniería biológica. Los seres humanos y sus seres queridos ya no serán torturados con la disminución de la salud, la vitalidad, el atractivo y la capacidad de funcionar mediante un proceso de envejecimiento que a menudo termina en una muerte agonizante y costosa.
Según Grey y sus Strategies for Engineered Negligible Senescence (SENS) se podría terminar con el envejecimiento como causa de muerte en el transcurso de nuestra vida si se dedican suficientes recursos al desarrollo de la tecnología requerida, su gran batalla.
El rejuvenecimiento es posible
La estrategia antienvejecimiento del Dr. Aubrey de Grey tiene como objetivo no retrasar el envejecimiento, sino alcanzar la vida eterna (o casi) mediante siete estrategias de reparación dirigidas a las siete formas de daño celular que se manifiestan como el envejecimiento.
De un modo que todos podamos entender, su solución busca limpiar la basura de las células, anular los estragos de las mutaciones (en las mitocondrias y el núcleo), eliminar la reticulación de proteínas y reemplazar las células perdidas, así como deshacerse de las células malas que están causando problemas.
La premisa "es mejor prevenir que curar" no le vale al Dr. de Grey. Él cree que reparar un daño puede ser mucho más fácil que tratar de prevenirlo. El investigador sostiene que los tejidos más viejos (incluido el sistema inmunitario) pueden obstruirse por células antiguas inoperantes que a veces producen sustancias tóxicas. La solución SENS es obvia: deshacerse de esas células. El desafío es, por lo tanto, atacar selectivamente y destruir células indeseables sin dañar al resto.
El aspecto más audaz de este programa defendido por el biogerontólogo tal vez sea encontrar la cura para el cáncer. De Grey quiere eliminar los genes de la telomerasa del genoma humano como un medio para eliminar la enfermedad, una visión ambiciosa y que requiere mucha investigación y esfuerzo.
Piedras en el camino
El Dr. de Grey aboga por el activismo político para eliminar los obstáculos a la investigación del rejuvenecimiento. Fomenta el apoyo financiero para su Fundación Matusalén y reclama ayuda para los investigadores. Él cree que demostrar el rejuvenecimiento en un ratón podría ser un gran adelanto para la tecnología de rejuvenecimiento, del mismo modo que el descubrimiento de los hermanos Wright marcó un nuevo amanecer en la era del vuelo.



  TDN | José Luis Cordeiro: “En 2045 asistiremos a la muerte de la muerte”       C...