COMER POCO
ALARGA LA VIDA
Ultima y esforzada investigación
científica aporta la descripción más detallada de los beneficios de la
restricción calórica para frenar el envejecimiento
Diario El País. España 27 febrero
2020
antoniocoronel1.blogspot.com
A vivir que son cien años
Desde hace décadas, los científicos conocen el secreto para hacer que
casi cualquier animal viva mucho más de lo normal. Pueden hacer que un ratón
duplique sus años de vida y que un macaco viva tres más de lo normal. El equivalente
en personas sería vivir nueve años más y, además, con mucho menos riesgo de
sufrir enfermedades asociadas al envejecimiento: cáncer, alzhéimer, diabetes.
El problema es que el precio a pagar puede ser demasiado alto para muchos:
comer menos, en concreto quitarse en torno a un 30% de las calorías diarias.
Este jueves se publica el estudio más detallado que se ha realizado
nunca para aclarar qué le sucede a un cuerpo cuando se somete a esta
restricción calórica. Sus resultados apuntan muchas claves de qué genes y
moléculas son culpables del envejecimiento y trazan nuevas vías para conseguir
posibles fármacos que consigan algo a priori imposible: parar
el tiempo, detener el envejecimiento.
“Este estudio muestra que el envejecimiento es un proceso reversible”,
explica el investigador Juan Carlos Izpisúa (Hellín, 1960), uno de los autores
principales del trabajo. “Hemos mostrado que determinados cambios metabólicos
que llevan a una aceleración del envejecimiento se pueden reprogramar de una
manera relativamente sencilla, reduciendo nuestra ingesta calórica, con la
finalidad no ya de extender nuestras vidas, sino, mucho más importante, de que
nuestra vejez sea más saludable”, resalta este farmacólogo y biólogo molecular
que trabaja en el Instituto Salk (EE UU).
El trabajo ofrece el atlas celular más detallado del envejecimiento en
un mamífero y los efectos beneficiosos de moderar la dieta. El equipo se ha
servido de la nueva tecnología
de análisis genético célula a célula para analizar unas 200.000 células de nueve
órganos y tejidos diferentes de ratas. En un grupo había roedores que comían lo
que querían y en el otros animales que comían un 30% menos calorías.
Los investigadores usaron solo ratas adultas a las que estudiaron desde
los 18 a los 27 meses de edad, lo que en humanos equivaldría a un seguimiento
entre los 50 y los 70 años. Esto es importante, pues los estudios realizados en
primates han mostrado que los
beneficios de comer menos son solo patentes en individuos adultos, a la mitad —más o menos— de sus
vidas.
Los resultados, publicados este jueves en Cell, aportan un catálogo completo de
todos los cambios que suceden con la edad y la dieta tanto dentro de cada
célula como en la comunicación entre estas. Los investigadores han detectado
que los genes y los procesos moleculares más afectados con la edad tienen que
ver con el sistema inmune —que se desregula en las ratas que comen a voluntad—,
la inflamación y el metabolismo. La cantidad de células inmunes en casi todos
los tejidos aumentó con la edad, pero no lo hizo en las ratas con calorías
reducidas, que tenían unos niveles equiparables a los de ratas jovenzuelas de
cinco meses. Las ratas en restricción calórica no mostraban más de la mitad de
todos los marcadores de envejecimiento identificados en sus compañeras con una
dieta normal.
Los
investigadores Concepción Rodríguez y Juan Carlos Izpisúa, del Instituto Salk.CHRIS KEENEY / SALK
“La inflamación es un mecanismo esencial de defensa inmunológica que se
ha desarrollado durante la evolución para aumentar la supervivencia de las
especies”, explica Concepción Rodríguez, investigadora del Salk, coautora del
estudio y esposa de Izpisúa. “El problema es que durante el envejecimiento hay
una desregulación muy pronunciada del sistema inmune que da lugar a un estado
de inflamación sistémica crónica y a la aparición de enfermedades asociadas a
la edad, como por ejemplo el alzhéimer. La posibilidad de reprogramar ese
estado inflamatorio aberrante mediante la restricción calórica sin duda nos
proporciona una nueva herramienta para el posible tratamiento de enfermedades
asociadas al envejecimiento”, resalta la investigadora.
Las pruebas de que la restricción calórica alarga la vida de las
personas son más limitadas, en parte por el reto logístico y económico de
seguir la vida y la dieta de cientos o miles de personas durante décadas, pero
sí hay pruebas claras de que comer menos mejora marcadores de salud básicos. Ya
están arrancando los primeros estudios para intentar ya no tratar una
enfermedad concreta, sino atacar el
envejecimiento con
moléculas como la metformina, aprobada para tratar la diabetes
Muchos de los cambios observados en este estudio son epigenéticos, es
decir, son como interruptores moleculares que están encima del ADN y que apagan
o encienden ciertos genes. Es mucho más factible desarrollar fármacos para este
tipo de marcadores, pues no es necesario modificar el genoma de las células,
argumenta el equipo. Uno de los cambios moleculares que ha desvelado este
estudio es la proteína Ybx1, que también está presente en humanos. Su
producción estaba alterada en 23 tipos celulares diferentes y que podría ser
una nueva diana para desarrollar un fármaco contra los efectos nocivos del
envejecimiento
El trabajo también tiene una importante contribución de China y lo
firman tres investigadores de este país que estudiaron en el Salk y ahora
dirigen sus propios grupos en la Academia Nacional de Ciencias del país
asiático.
Este
estudio muestra que el envejecimiento es un proceso reversible
JUAN CARLOS IZPISÚA
“Es un estudio técnicamente impresionante y aporta una información valiosísima”,
resalta Pablo Fernández-Marcos, experto en
enfermedades metabólicas asociadas al envejecimiento en el centro IMDEA-Food,
de Madrid. “Un
hallazgo interesante es que las células de la grasa y de la aorta son las que
más cambian con el envejecimiento y se recuperan con la restricción calórica,
lo que confirma la importancia que tienen estos tejidos en el envejecimiento,
por encima de otros más clásicos como el cerebro o la médula ósea",
explica. "Y otro más, que yo veo muy importante, es que ven beneficios más
claros de la restricción en machos que en hembras, lo que apoya algunos
indicios anteriores. Hay pocos estudios comparando los dos sexos, y esto es un
problema serio que se está intentando reducir comparando ambos sexos, como han
hecho aquí”, resalta.
La acumulación de pruebas en este campo es tal que hay científicos muy
serios que admiten abiertamente practicar algún tipo de restricción calórica o ayunos intermitentes, pues también se ha demostrado
que esto activa procesos de reciclaje celular beneficiosos, incluso en casos de personas
con cáncer que reciben quimioterapia. En este sentido Izpisúa confiesa que él
no es una excepción: “Intento todos los
días comer un poco menos”.
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