domingo, 16 de diciembre de 2018

APRENDIENDO A NO ENVEJECER

"cuerpos sin edad, mentes sin tiempo  ( III )

 "Aprendiendo a no envejecer

        El vínculo entre la creencia y la biología

Existe una poderosa conexión entre sus creencias y su biología.

Una creencia es algo que usted mantiene porque piensa que es algo cierto. Las creencias son distintas a los pensamientos. Un pensamiento forma activamente palabras o imágenes en el
cerebro, mientras que una creencia usualmente es silente.

Una persona que es claustrofóbica no necesita pensar “esta habitación es muy pequeña”. Basta con colocar a un claustrofóbico en un cuarto cerrado y lleno de gente y su cuerpo reaccionará automáticamente. Algo en la conciencia de esta persona, que está escondido, ha funcionado. El flujo de adrenalina que ocasiona un corazón palpitante, palmas sudorosas, mareos, etc. son disparados a un nivel mucho mas profundo que la mente pensante.

Nuestras creencias acerca del envejecimiento ejercen el mismo efecto sobre nosotros.  La creencia básica de que el envejecimiento es un proceso fijo y mecánico, algo que nos sucede simplemente es sólo una creencia, resultado de una conducta aprendida; durante los últimos 20 años, los gerontólogos han llevado a cabo numerosos experimentos para probar que estar activo durante toda la vida, podría detener o por lo menos hacer mucho más lento algunas pérdidas, como el tejido muscular y esquelético.

Así la nueva creencia que ha surgido últimamente entre personas retiradas - que deben seguir caminando, trotando, nadando y mantenerse activos - es cierta.  Con esta nueva creencia algo, que alguna vez había sido considerado imposible, está cambiando: millones de personas ahora piensan mantenerse fuertes, aún estando en una edad avanzada. Todo lo que ocurrió fue que se cambió una creencia y, al suceder eso, cambió el envejecimiento.

Cuesta imaginar que la vejez sea el resultado de una conducta aprendida, pues no se puede negar la biología. Sin embargo la creencia básica de que el envejecimiento es un proceso físico y mecànico, algo que nos sucede simplemente, es sólo una creencia. Como tal nos impide ver todo tipo de hechos que se ajustan al sistema de creencias al que nos aferramos.

Entre las siguientes afirmaciones consideradas a priori como ciertas ¿ cuántas se corresponden con los hechos ? Cada afirmación contiene algo de verdad objetiva, pero también es posible refutarlas una por una.

a) Envejecer es natural. Todos los organismos envejecen y mueren.

Envejecer es natural, pero hay organismos que no envejecen nunca, ( Las amebas, las algas , los protozoarios etc ). También tenemos partes de nosotros que no envejecen: las emociones, el yo, el tipo de personalidad, así como grandes porciones del ADN. Físicamente no tiene sentido decir que el agua y los minerales de tu cuerpo  envejecen, pues,  ¿ qué es agua vieja o sal vieja? Tan sólo estos componentes constituyen el 70% de tu cuerpo.

b) Envejecer es inevitable.
En la naturaleza que vivimos la cosa es más compleja de lo que parece y se dan muchos fenómenos que nos inducen a observarlos, superando nuestra simple curiosidad, como el caso de las abejas, que en ciertas épocas del año pueden alterar sus hormonas y revertir su edad biológica por completo. En el cuerpo humano, las alteraciones hormonales pueden que no sean tan dramáticas, pero hay espacio suficiente para que en un día cualquiera, nuestro perfil personal sea más joven que el día, mes o año anteriores.

c) Envejecer es normal.
Envejecer es normal, sin embargo no hay una curva normal de envejecimiento que se aplique a todos.

d) Envejecer tiene un componente genético que afecta a todos pero en el grado que habitualmente se supone.

Se estima en promedio que sólo un 5% de la población posee genes tan buenos o malos que pueden alargar o acortar significativamente su vida. Sin embargo, por comparación, al optar por un estilo de vida saludable, se puede retrazar los síntomas del envejecimiento hasta en treinta años.

e)  Así mismo el envejecimiento parece  universal porque todos los sistemas ordenados se descomponen con el tiempo; pero nuestro cuerpo resiste muy bien esta decadencia. Sin influencias negativas de dentro o de fuera, nuestros órganos y tejidos podrían durar facilmente entre 115 y 130 años.

f)  Por fin, envejecer es fatal, porque todos debemos morir, pero en la vasta mayoría de los casos, la causa de la muerte no es la ancianidad, sino el cancer, los infartos, la neumonía y otras enfermedades.



Igualmente es muy difícil establecer reglas puntuales sobre el envejecimiento del cuerpo en sí. Dos automóviles abandonados bajo la lluvia se oxidarán más o menos a la par. El proceso de envejeccimiento no obedece a leyes tan simples ya que el cuerpo se niega a comportarse según las leyes y reglas de la mecánica. Dos hermanos gemelos pueden tener historias médicas simillares durante toda la vida, pero sólo uno de ellos enfermará de alzheimer, o artritis. En unos el envejecimiento se dá como un proceso uniforme y lento, en otros se parece a una larga y segura meseta de salud, seguida por una brusca declinación. Otros mantendrán sana la mayor parte del cuerpo del cuerpo exceptuando un eslabón debil, como el corazón.

Las ideas que teníamos sobre el envejecimiento han sufrido drásticas modificaciones en las últimas décadas según se ha ido constatando que dicho proceso avanza en correlato a las condiciones que se le imponen al  cuerpo, tanto por dentro como por fuera.

La «antigua vejez» se  caracterizaba por decaimientos irreversibles en todos los frentes: en el físico, el mental y el social, producto, en la mayoría de casos, a la exposición de un ambiente duro, alimentación inadecuada, malos hábitos, trabajos físicos a lo largo de toda la vida y epidemias indominables.

Tras medio siglo de condiciones mejoradas e intensos avances médicos, a principios de los años setenta, fue apareciendo «la nueva vejez»; los médicos comenzaron a observar que el cuerpo de muchos sexagenarios y septuagenarios aún funcionaban con la salud y el vigor de la edad madura. Eran personas que estaban siñéndose a nuevos hábitos de vida, según comenzaba a prescribir la medicina moderna. La media de vida del norteamericano, que en 1900 era  de 49 años, saltó en 1990 a 75. Hoy se acerca a los 85 años.

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